sábado, 20 de febrero de 2016

DISCREPANCIA CON LAS CORBATAS DE PABLO IGLESIAS

Yo discrepo con Pablo Iglesias con respecto a sus corbatas pero en el resto (en casi todo aunque no en todo) estoy bastante de acuerdo.
Lo que pasa es que no hay manera.
Podemos no tiene quien le escriba (a favor). Entre ciertas torpezas (ejem) y el racaraca en forma de campañas cuasidifamatorias no se escucha cosa buena del nuevo partido.
No hay tertuliano afín a Podemos que salga en la tele porque Podemos (en contra de lo que cree el diario monárquico ABC) no ha repartido todavía prebendas entre la prensa y los periodistas, si no se invita a gambas, no nos mostramos favorables.
Véase el caso de Herman Tertsch, que recibió un milloncete de euros del erario público por cortesía de Esperanza Aguirre (vía Telemadrid) para así preservar su liberalismo y su independencia.
Cuentan que estaba Isabel II en palacio y le anunciaron:
- Han llegado los periodistas, Majestad.
A lo cual contestó (con tremendo tino):
- Denles de comer.
La anécdota seguramente será apócrifa e Isabel II (la reina española que tiene estatua frente al Teatro Real) tal vez no recibió a los chicos de la prensa en su santa vida pero resulta esclarecedora para comprender la idiosincrasia de esta profesión capaz de toda miseria y toda grandeza.
A lo que vamos.
Discrepo de las corbatas de Pablo Iglesias pero que el juicio por blasfemia a Rita Maestre se cubra como una crónica de sucesos en la que la concejala ejerce las veces de criminal no parece lo más lógico.
Menos mal que Rubén Amón escribió una estupenda reflexión al respecto.
Pero pasa lo que pasa.
A Pablo Iglesias se le exige que pida por favor y con la boina en la mano (al modo de Alfredo Landa en Los santos inocentes cuando entraba en casa del señorito) permiso para votar sí a la investidura de Pedro Sánchez. Pero sólo eso. Ya lo de ser vicepresidente es otra cosa y no se puede.
El tonito.
Eso es lo que no gusta a cierto socialismo jurásico e, incluso, a ciertos nuevos burócratas del PSOE.
El tonito de Albert Rivera, el hombre que quiere solucionar las diferencias de condiciones laborales entre los españoles convirtiendo a todos los españoles en precarios, sí gusta más.
Y luego está el abismo generacional.
Cada vez Chani opina en la tele se manifiesta como incontrovertible verdad que algo se hizo mal en la Transición.
El caso es que (intuyo) hay un importante porcentaje de la población infrarrepresentado en los debates televisivos, las columnas de opinión y la vieja prensa. En Twitter no tanto.
Existe un buen número de españoles a los que no les parece tan deplorable la gestión que están haciendo los alcaldes y alcaldesas del cambio, que se espantan ante la detención de titiriteros o el procesamiento de una concejala por su pasado activista.
Un montón de gente a la que se le escapa la risa cuando ven convertido en noticia de alcance el que el ayuntamiento de Zaragoza gastase 16 euros en gomina frente a las pantagruélicas cuentas de restaurante que dirigentes empresariales y políticos del anciano bipartidismo dejó en los cajones de la instituciones.
Millones de ciudadanos a los que indigna que su voto sea denostado a diario.
No está mal que se fiscalice informativamente a Podemos.
Lo de que haya jueces "implicados con la acción de gobierno" fue una idiotez en toda regla (ya corregida).
Que todo lo público sea objeto de escrutinio por parte de la prensa.
Lo que pasa es que mientras la chorrada de la gomina se coloca como noticia destacada en los informativos televisivos no veo que otros asuntos tengan tanta repercusión mediática. Un par de ejemplos.
Ejemplo primero. El diputado regional en la Asamblea de Madrid que espetó a Hugo Martínez Abarca, representante de Podemos, la instructiva frase: "Dínoslo en la calle si tienes cojones".
Ejemplo segundo. La violenta reacción de Pércival Manglano (PP) ante Nacho Murgui (Podemos) tirándole unos papeles a la cara en modo macarra de tugurio.
Y ya no hablemos del regocijo que ha producido ver a un concejal de Podemos acosado por funcionarios públicos (policias para más inri) que le gritaban "perroflauta" y "rojo de mierda".
Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior, dijo al respecto (traduciendo sus sinuosas palabras a un lenguaje castizo): "Que se joda".
Luego diremos que Podemos está crispando la sociedad española.
En fin.
Por debajo de toda esa espuma informativa, de las voces y el ruido, hay una España que sigue apostando por cambiar este país y hacerlo más justo y limpio. Un poco de respeto hacia toda esa gente no estaría de más.
En cuanto a las corbatas de Pablo Iglesias, insisto en mi discrepancia.

sábado, 6 de febrero de 2016

LOS TITIRITEROS Y ALFONSO GUERRA

No era (eso seguro) la función de títeres más adecuada para un público infantil pero acabar en la cárcel por algo así resulta un tanto excesivo.
Me recuerda a la vieja historia de ese antifranquista detenido y enjuiciado por su activismo contra la dictadura y cuyos versos repletos de compromiso social fueron presentados ante el tribunal como prueba fehaciente de su condición de sedicioso. Su abogado argumentó: "Hombre, los poemas son muy malos pero tanto como para meter a mi defendido en la cárcel...". El antifranquista acabó en Carabanchel y, por fortuna, abandonó para siempre la poesía.
Pues lo mismo.
Sin que quiera decir  yo que estos titiriteros se asemejen a los heroicos antifranquistas ni que esta democracia imperfecta sea como la dictadura de Franco.
Que todo hay que explicarlo (no vaya a ser que a uno le muerda, en un descuido, Eduardo Inda).
El caso es que el tema de los títeres con mensajito antisistema va a ser asunto de conversación en las largas horas de tertulia televisiva y, de nuevo, servirá a la derecha cavernaria para demonizar a las nuevas fuerzas del cambio.
Contará esa embestida con la inestimable colaboración de cierta progresía avejentada que odia con toda su alma lo que que significa Podemos, las confluencias, los alcaldes del cambio y demás novedades políticas surgidas del 15M.
Alfonso Guerra ha dicho que la gente de Podemos son unos niños malcriados y que le recuerdan a los del 23F. ¿Pablo Iglesias igual que Tejero? Si cierto columnismo paleoprogre le ha calificado de bufón mussoliniano, ¿por qué no?
Lo de niños malcriados suena a reproche de padre que mientras desayuna ve entrar por la puerta a su hijo con evidentes síntomas de haber bebido, follado y disfrutado de lo lindo toda la noche y va y le echa la bronca.
El poder se toma generacionalmente, según dijo el propio Felipe González, y eso (claro) jode bastante a quien lleva desde 1978 sentando cátedra.
Pero, qué se le va a hacer, los tiempos están cambiando.
Y, por supuesto, hay a quien eso no le gusta absolutamente nada.
Está la derechona de siempre a la que cualquier gobierno de izquierdas le viene mal (la campaña contra Manuela Carmena repleta de polémicas chorras es calcada de la que se hizo a Zapatero) y está una generación de socialdemócratas gris marengo de la Transición a los que Podemos provoca una urticaria digna de mejor causa.
Yo creo que Felipe, Guerra y otros socialistas de antaño ven en los jóvenes de Podemos su propia juventud traicionada.
Pero tampoco es para tanto.
En una tertulia apocalíptica de la radio estaban pronosticando el Armagedón debido al gobierno de Podemos y confluencias en los ayuntamientos y, con toda tranquilidad, dijo Ramón Tamames: "Pues a mí me recuerda a cuando nosotros comenzamos a gobernar desde el PCE y el PSOE. Nos dijeron de todo y éramos igual de jóvenes y luego no pasó gran cosa".
O sea que (insistamos) no hay que exagerar.
Y en cuanto a los titiriteros, aduzco en mi defensa que no he visto la obra y que no basta con sacar un cartel de Gora Alka-ETA para que ello sea apología del terrorismo porque también en un capítulo de McGyver salieron etarras con cara de mexicanos y nadie demandó al aventurero que con un abrelatas te abría una caja fuerte.
Relajemonos que nos va a dar algo.

sábado, 23 de enero de 2016

MUNDO VIEJUNO

Hiperventila la gerontocracia del Antiguo Régimen y en un pasmoso ejercicio de paradoja una televisión de derechas ejecuta (con objeto de denunciar los tentáculos del chavismo en España) una imitación perfecta de la propaganda propia precisamente de una cadena bolivariana que pretendiera meter en la cárcel a un opositor.
Anatema, gritan los articulistas supervivientes de la Santa Transición y todo porque los nuevos no se les ponen al teléfono ni mucho menos les van a invitar a gambas en Casa Manolo.
Por la carrera de San Jerónimo va hablando él solo consigo mismo Raúl del Pozo, al que se le ha puesto cara de San Juan justo antes de escribir en su cueva de Patmos el Apocalipsis.
Pilar Cernuda, por su parte, exige a don Landelino Lavilla que intervenga.
Es como si una buena parte de los periodistas españoles se hubieran fosilizado ante la velocidad que ha tomado la situación política en España.
Las reglas del juego han saltado por los aires y ya no valen viejas fórmulas de análisis pero algunos siguen dale que te pego con el copy page de 1978 y añorando lo ricas que estaban las lentejas de Mona Jiménez.
Añádase al asunto que Rubalcaba y otros líderes jurásicos del PSOE hablan de humillación porque Podemos propone a Pedro Sánchez como presidente de gobierno (que ya es una forma rara de humillar a alguien, hacerle presidente).
Resulta que queríamos Borgen pero no tanto.
A Rubalcaba le sale el burócrata que lleva dentro y brama "eh, no, no, el poder es del bipartidismo y no se toca".
Pero, hombre, don Alfredo, que en Valencia su camarada Ximo Puig le dio la vicepresidencia a Compromís y su apreciada Susana Díaz hizo lo propio con Izquierda Unida durante una legislatura.
Gobernar en coalición es (claro) repartir carteras.
Ante tal evidencia siempre está el que viene con flores en el pelo, simulando neutralidad, y pide "que no se hable de sillones sino de propuestas concretas".
Una cosa no quita la otra y si no tiene usted otra cosa qué decir al respecto, puede volver a sestear a ver si le llaman para otra tertulia.
Hay un mundo viejuno (como titulaban los de Muchachada Nui) que no entiende nada.
Y cuando no entiende algo suele repetir muchas veces: "televisión, televisión, eso es televisión".
Porque entiende ese periodismo gagá que Podemos existe debido a que Paolo Vasile y Maurizio Carlotti (dos peligrosos izquierdistas donde los haya) se reunieron un día y decidieron socavar los cimientos del sistema con Gran Hermano VIP, Velvet y Pablo Iglesias.
Luego están los que, vía Ministerio del Interior (supongo), optan por las técnicas de golpe de Estado clásicas y filtran viejas grabaciones policiales en vídeo con dirigentes de Podemos que no eran dirigentes de Podemos en aquellos días y dirigentes de la CUP que, sí, no tienen problema en reivindicar a Chávez y a Kim Jong-un.
También está Inda y sus papeles de Irán y el ABC con una Tortuga Ninja en primera página.
Pero vamos a ver.
¿Por qué la propuesta de Pablo Iglesias de gobierno de coalición con él de vicepresidente ha irritado tanto a algunos opinadores?
Tal vez los que siguen tratando como frikis extraparlamentarios a la gente de Podemos debieran memorizar un número: 5.189.333.
Es la cifra exacta de los votos que recibieron Podemos y sus confluencias.
Apenas 300.000 menos que los del PSOE.
Recuérdese antes de proceder al sistemático insulto sea por cuestión de rastas, bebés en el hemiciclo o afición a la bicicleta.
En cuanto a la prepotencia de Pablo Iglesias o la supuesta falta de respeto al dirigirse al PSOE, pues sí, quizás.
Pero no estaba muy lejos del tono de Pedro Sánchez cuando, tras ningunear a Podemos en la formación de la Mesa del Congreso, dijo que Pablo Iglesias tenía "una pataleta de niño pequeño".
Estaría bien que por ambas partes se rebajase el nivel de acritud pero tampoco exageremos: lo de que en política se hacen extraños compañeros de cama sigue siendo una norma en vigor (y a veces se cumple literalmente).
Todo eso hay que entenderlo pero el mundo viejuno sigue con sus palabras gastadas y no lo ve.
Eh, ojo, que también hay (gracias al cielo) todo un periodismo y analismo que está comprendiendo las claves este nuevo tiempo y relatándolo  perfectamente: Lucía Méndez, Rubén Amón, Manuel Jabois (a ratos -le prefiero escribiendo de Pontevedra-, Pablo Simón, Antonio Gutiérrez-Rubí...).
Vivimos días apasionantes pero algunos editorialistas (casi todos) están enfadadísimos.
Tampoco es para tanto.
Ricardo de la Cierva escribió en el diario El País aquello de "error, inmenso error" cuando llegó Suárez al poder y luego mira.
Este mundo viejuno pasará y habrá que aceptar que las cosas son como son, que existe un aparato electrónico que se llama televisión donde también se hace política y que hay toda una corriente (¿mayoritaria?) que exige cambio y justicia social y que no pasa nada por intentarlo.
Ah, y nadie se ofenda porque cuando hablo de mundo viejuno no se trata de insultar a nuestros mayores (tampoco soy yo un jovencito) sino de una actitud vital.
Y en cuanto a lo que dijo Pablo Iglesias del abrigo de Ana Romero pues no, no estuvo muy acertado el líder de Podemos y cuando pueda que le pida disculpas a la periodista de El Español y tan amigos.
Ahora, Ana, que eso sea sexismo no estoy de acuerdo, que el otro día vi a Kanye West con un abrigo de piel (sintética, espero) muy molón.

sábado, 24 de octubre de 2015

EL PRIMER DISCO DE PABLO IGLESIAS ERA EL MEJOR

Está sucediendo un fenómeno entre la izquierda exquisita bastante similar al que se da en el mundo hipster cuando un grupo nacido en el universo indie se consagra y alcanza el éxito entre el gran público. En seguida hay quien, frente al triunfo ajeno, suelta aquello de "bah, el primer disco era el mejor".
Con Pablo Iglesias pasa igual.
No molaba cuando sacó un partido que se presentó a las europeas con su cara en la papeleta, molaba cuando logró cinco diputados por sorpresa y sedujo a las masas con su mensaje vibrante y su coleta inconformista, dejó de molar cuando la pelea política se puso seria y hubo que tomar decisiones incómodas y enfrentarse a disensos y tropiezos electorales.
A la izquierda de la izquierda siempre se ha tendido al cogollismo. La élite de la izquierda realmente auténtica se halla muy a gusto sin mezclarse, prietos todos en un cogollito cómplice, los cantautores dándose abrazos, escritores y articulistas intercambiando cariñosos consejos sobre conferencias a cargo de diputaciones, actores y actrices ejecutando elaborados minués.
Luego está lo de convertir las cosas serias (Palestina, el conflicto del Sahara, memoria histórica, Venezuela o Cuba) en una Disneylandia donde divertirnos expresando opiniones sobadas hasta la extenuación.
Súmese todo esto y, claro, Podemos no encaja porque pretende tomar el poder o, como mínimo, ejercer una influencia realmente relevante.
Con lo cómodo que se está en el cigarrito de después de las manifestaciones, cuando la luminosa mañana se pinta de color cerveza.
Pablo Iglesias y sus alegres camaradas (Íñigo Errejón y Carolina Bescansa pero también Teresa Rodríguez, Pablo Echenique, Kichi) han cambiado las reglas de juego y no asumen el derrotismo eterno ni las guerras de siglas ni que haya que demostrar pureza de sangre ideológica.
Son tiempos nuevos (tiempos salvajes) y, a veces, ¿verdad, Alexis?, hay que dar un paso atrás para tomar impulso.
La lucha por alcanzar un poder que permita frenar la desigualdad en el siglo XXI no puede ejecutarse con apriorismos y estrecheces mentales propias del siglo XX.
Sea como sea, el caso es que parte de la intelectualidad progresista representada en el articulismo de eldiario.es ya está dándole candela a Pablo Iglesias. Le tratan, al joven líder, mucho mejor en Jotdown u Onda Cero. Imagínense.
Contra viento y marea, sin embargo, sostiene Podemos su hoja de ruta. Con nuevos enemigos. El establishment de derechas y socialdemócrata antes. El establishment de izquierdas, ahora. Y Pablo Iglesias permanece.
Veremos qué sucede.
Una corriente subterránea de cambio (que a veces ni tan siquiera aparece en las encuestas) recorre la sociedad europea.
Y si no, habrá que volver a intentarlo.
Volveremos y seremos millones, que dijo el Espartaco de Dalton Trumbo.

viernes, 31 de julio de 2015

DERECHO DE RÉPLICA

Refutar una sarta de tópicos manidos sobre la canción de autor es un ejercicio fatigoso pero ahí me tienen, siempre dispuesto a la bronca si es por una causa justa.
Y sucede, además, que Ismael Serrano es mi hermano y un tal Yago García ha escrito de él en Jotdown cosas muy feas.
Califica Yago García a Ismael Serrano como "joven sex symbol de la izquierda regeneracionista" y asegura que "nunca ha vuelto a ganarse tantos titulares como cuando croaba el Papá cuéntame otra vez".
Del atractivo físico de mi hermano prefiero no opinar porque yo me considero bastante más guapo, lo del verbo croar revela un extraordinario talento literario por parte del autor, al título de la canción le falta la coma del vocativo y en cuanto a la presunta falta de vigencia de Ismael Serrano me permitiré ofrecerle a Yago García una serie de datos que seguramente desconozca porque, me da la impresión, el articulista de Jotdown ejerce el periodismo al estilo de Umbral cuando escribía de algo a bulto y argumentaba "no me voy a levantar ahora a comprobarlo".
Ismael Serrano ha sido el único artista que ha dado en pleno julio dos conciertos consecutivos en el Price dentro del ciclo 2015 Los Veranos de la Villa igual que, recientemente, llenó el teatro Metropólitan de México DF y tiene siete conciertos previstos durante el mes de septiembre en Argentina (dos de ellos en el teatro Gran Rex de Buenos Aires). Actúa habitualmente en Colombia, Chile, Perú, Costa Rica, Ecuador, Bolivia y otros países Latinoamérica. Su último disco, La llamada (el primero que edita con Sony, multinacional que le fichó tras años en Universal), se convirtió el mismo día en que salía a la venta en nº1 de iTunes no sólo en España sino también en Argentina, Chile y Costa Rica.
Todo ello no se ha traducido, efectivamente, en grandes titulares aquí en España pero de eso no tiene la culpa Ismael Serrano sino un periodismo cultural perezoso y dado a funcionar con el piloto automático puesto.
Que es exactamente lo que hace Yago García en su artículo ¿Qué me dices, cantautor de las narices? 
Echa mano Yago García del viejísimo y cobardón recurso consistente en partir del elogio a un artista para poner a caldo a terceros en discordia.
Comienza diciendo que Javier Krahe, como está recién muerto, sí que es bueno pero que el resto de los cantautores son una puta mierda.
Y a partir de ahí, toca repartir estopa mediante una colección de opiniones con ánimo epatante y escasísima argumentación.
De Serrat sólo salva su etapa en catalán y tres canciones de muy al principio, a Paco Ibáñez le perdona la vida afirmando que sólo quedarán A galopar y Palabras para Julia (cualquier verdadero artista firmaría porque dos de sus obras se fijaran en la memoria colectiva como han quedado esas piezas maestras), Joaquín Sabina es menos que cero, Pedro Guerra ha de conformarse con el gentilicio chicharrero a modo de definición, Ella Baila Sola es un dueto inaguantable (que no sé que pintan estas chicas pero bueno) y así hasta no dejar títere con cabeza.
Naturalmente no falta aludir a la nueva hornada de cantautores de los 90 (Ismael Serrano, Pedro Guerra, Rosana, Tontxu) como viejóvenes.
En el fondo, aunque Yago García pretenda exhibir su modernidad y juvenil ímpetu, el artículo es de una apabullante ancianidad. La eterna cantinela demodé sobre lo desfasada que está la canción de autor. Cantinela que ya tuvieron que soportar en los 70 Víctor Manuel y Ana Belén, Aute y Serrat, en los 90 los mencionados nuevos cantautores y, a día de hoy, nuevos valores que, mientras la crítica resopla indiferente, llenan pabellones y teatros (véase el caso de Marwan o Andrés Suárez).
A Yago García sólo le gusta Silvio Rodríguez (pero, ojo, el de los comienzos -para cualquier esnob que se precie el primer disco siempre es el mejor-) y Pablo Guerrero.
Ya que sacamos el tema, que sepa Yago García que, mientras modernos como él estaban descubriendo a Pablo Guerrero, Ismael Serrano producía el disco Hechos de nubes, generoso homenaje elaborado con único objetivo de gritar al mundo que Pablo es uno de los grandes creadores de este país.
La canción de autor puede ser buena, mala o regular. Lo que resulta sospechoso es la severidad con la que se juzga en España la obra de todo cantautor. Muy por encima de la que se aplica al pop, al rap y, sobre todo, a esa etiqueta difusa denominada indie. El indie mola, la canción de autor apesta. 
Y, en todo caso, se admite la canción de autor de fuera: Nick Drake, Leonardh Cohen, Joni Mitchell y hasta Franco Battiato son, para Yago García, muy buenos. Serrat, insistamos en ello, una puta mierda.
¿Qué hay en la canción de autor para que despierte tanta antipatía entre los periodistas musicales (no así entre el gran público, que adora a Sabina, Pedro Guerra o Víctor Manuel)?
Se trata, simplemente, del resentimiento pretendidamente elitista de una crítica prejuiciosa con obsesión por demostrar que está a la última. Y eso significa subirse al carro de cualquier cosa que parezca de vanguardia, suene a anglosajón y no tenga verdadero arraigo popular.
Lo del sesgo progresista de cierta canción de autor también da mucha rabia y no sólo a Yago García. Lo explica muy bien Victor Lenore en Hipsters, indies y gafapastas. Crónica de una dominación cultural. La música indie o de ínfulas hipsters es la preferida del sistema porque ella puede vender conformismo, gafas de sol y marcas de cerveza. En la canción de autor se cuela, a veces (sólo a veces) cierta crítica social y política. Y eso ya sí que no.
No quiero ni pensar cómo habrá dolido a Yago García y otros autores de su cuerda el que un partido emergente y con tanto arrastre entre el electorado joven como Podemos haya reivindicado en sus mítines a Quilapayún, Lluis Llach o Mercedes Sosa.
Porque, como bien dijo Russian Red y corroboró Nacho Vegas, el indie casi siempre es de derechas.
Aunque eso, creo, ha cambiado. Y conste, además, que no seré yo quien utilice el truco aborrecible que señalo en el artículo de Yago García y denigre el indie para defender la canción de autor.
De hecho, Nacho Vegas, Xoel López y hasta el inclasificable Ángel Stanich me parecen más cantautores que rockeros. Y me gusta, sí, Russian Red.
Diré más. Algunas de las canciones de Ella Baila Sola, no sé si buenas o malas, me emocionan.
Carezco de los prejuicios que Yago García atesora como garante de la modernidad más exclusiva.
Ok. Estás en tu derecho de odiar las canciones de Ismael Serrano pero yo también puedo opinar.
Y opino que Serrat, Sabina y hasta Ismael Serrano se han ganado el derecho a ser respetados.
Y opino que a Yago García no le ha salido bien su artículo.
Para artículo bueno, digno del merecido prestigio de la revista Jotdown, mejor léanse El arte de al mamada, recientemente escrito por Amarna Miller, y que no hay que confudir, ojo, con otro artículo de Jotdown muy bueno titulado El arte de mamar. Acerca del mismo tema, además, en Jotdwon puede consultarse Abre la boca y cierra los ojos: apología del sexo oral.
En fin.
Que estoy en desacuerdo con Yago García.

sábado, 11 de julio de 2015

CÓMO INVENTAR UNA NOTICIA QUE NO ES

Lo de inventarse noticias no es nuevo pero la diferencia entre España y otros países del mundo radica en que aquí lo hace la prensa presuntamente seria. Es lo malo (ya lo decía José María Ridao cuando editorializaba en El País) de que no tengamos periódicos sensacionalistas: el sensacionalismo se hace en los periódicos normales.
El caso es que llevamos días y días debatiendo (otra vez) sobre la Memoria Histórica.
- ¡Manuela Carmena quiere quitar del callejero a don Santiago Bernabéu!
Clama desde la caverna el joven tertuliano que aspira a un buen sueldo en la televisión de Murcia.
Y no, resulta que no es verdad. Que todo parte de una noticia inventada.
La estúpida polémica surge de una evidencia: el nuevo gobierno municipal de Madrid quiere aplicar la Ley de Memoria Histórica y cambiar los nombres a las calles de resonancias franquistas. No hay un plan ni plazos ni urgencia alguna pero existe esa lógica (y democrática) pretensión.
Pero he aquí que Vicente G. Olaya escribe en el diario El País un artículo sobre este asunto y cita la opinión de un historiador, Antonio Ortiz, que defiende arrancar de cuajo todo nombre lejanamente vinculado con la dictadura: de Manolete a Santiago Bernabéu pasando, claro que sí, por Agustín de Foxá. Una tontería como otra cualquiera que, además, se adereza en primera página con un titular lo suficientemente llamativo: ¿Hay que derribar el Arco del Triunfo?
A partir de ahí se agitan las tertulias y la derecha respira aliviada en radios y televisiones porque puede hablar de un tema que le gusta y repetir el argumento de siempre: ¿no hay cosas más importantes?
Como desde que se murió Franco hemos tenido cosas más importantes, ahí siguen los muertos en las cunetas para regocijo de Pablo Casado, el niño minimalista.
Manuela Carmena, en un desayuno en el hotel Ritz, desmiente con su habitual tranquilidad el que el Ayuntamiento esté pensando en apear a Santiago Bernabéu o a Salvador Dalí de su lugar de honor en el callejero madrileño.
Pero nada.
El titular ya está hecho y se está tan a gustito acusando a la izquierda de querer ganar la guerra civil tantísimos años después de haberla perdido.
Y llega el sábado y en el diario El Mundo hasta cuatro columnistas comentan el asunto con santa indignación y dedo acusatorio contra el guerracivilismo de Carmena y los suyos. Ellos son (por orden de aparición)  Enric González, Rubén Amón, Pilar Eyre y Ernesto Sáenz de Buruaga.
Lo de Buruaga no hace falta ni atenderlo porque su nivel es tan ínfimo como suele, lo de Eyre (excelente cronista de la buena sociedad barcelonesa, por otra parte) es un chau chau al vuelo de alguien que ha escuchado campanas y no sabe dónde y Rubén Amón y Enric González incurren en la pereza intelectual (tal vez sea la canícula) de quien copia los argumentos de la derechona eterna pero notándose mucho que sin creérselos del todo. Supongo que de vez en cuando hay que hacer concesiones al público de tu periódico y darle el caramelito de un artículo carca al modo ABC o La Razón.
Sea como sea (y conste que tanto Rubén Amón como Enric González me parecen dos grandísimos periodistas y podrían escribir en modo progresista si hubiera algún medio progresista que pagase bien en España) la cuestión de fondo es que se ha opinado y vuelto a opinar sobre una noticia falsa, sobre una pura invención.
- Ya, ya, pero ¿a usted que juicio le merece el callejero franquista que Madrid aún conserva? Bernabéu ¿sí o no?
Que no hay debate. El nombre de los generales y matarifes franquistas ha de caerse del callejero y el de Salvador Dalí, Foxá y Manolete conservarse porque son otra cosa.
Lo que me parece muy feo es inventarse noticias, caramba, y si se inventan que sean polémicas nuevas, que esta ya la había visto en El Gato al Agua hace un montón de tiempo.
Y ahora vamos a a hablar de Grecia, que también tiene lo suyo.

sábado, 30 de mayo de 2015

NUESTRO 1982

Aseveró Felipe González, cuando los dinosaurios dominaban la tierra, que el poder se toma generacionalmente. Ahora el dinosaurio es él y, como aquellos viejos hombres del búnker que apuntaban con su pistola, se niega a ceder el paso. Se inventa piruetas venezolanas y le resulta imposible disimular la antipatía que un líder como Pablo Iglesias provoca en él. Pero la vida es así.
La noche del 24M, en la plaza del Reina Sofía, gente de 20 y 30 años brindaba con latas de cerveza por la victoria de las fuerzas del cambio. Hace apenas una legislatura muchos de ellos estaban en la Puerta del Sol bramando Lo llaman democracia y no lo es. Ahora se hallan a punto de entrar en parlamentos y órganos de gobierno. Exactamente como en 1982 hicieron los jóvenes socialistas que lideraban Felipe González y Alfonso Guerra.
Hay relevo en el ámbito de lo político y, mientras tanto, vocifera el columnismo senil en el los periódicos de papel. Lo peor son los presuntos progresistas, incapaces de asumir que los tiempos están cambiando y que ya no volverán los días de vino y rosas del felipismo y los cursos de verano en los que colocar a mesa y mantel a todo intelectual afín que se dejase.
Enrique Gil Calvo escribe en El País que, salvando los casos de Manuela Carmena y Ada Colau, Podemos ha fracasado en estas últimas elecciones. ¿A qué se referirá este señor? ¿A los 27 diputados que ha sacado la formación morada en la Comunidad de Madrid con un candidato desconocido y pugnando con un Ángel Gabilondo que a todo el mundo cae bien? ¿Al empate técnico en votos (5.000 de diferencia) entre PSOE y Podemos en Aragón? ¿A que, saliendo de la nada, se haya convertido en la fuerza decisiva en comunidades como Navarra, Castilla-La Mancha, Valencia y alguna otra? ¿A Cádiz, donde Podemos coloca a su candidato como el favorito para gobernar la ciudad?
Susana Díaz tampoco lleva bien eso de que el paradigma esté variando. Cuentan los cronistas de colmillo retorcido que lo que más le fastidia es tener que dar la alcaldía de Cádiz al novio de la Teresita. Eso es política de altura y lo demás son tonterías. (Esto no se lo contéis a Anabel Díaz que se va a llevar un disgusto porque está convencida de que en el PSOE sólo hay paz y amor).
El caso es que el cambio avanza pero cuidado que el IBEX ya está maniobrando y vaya usted a saber lo que puede suceder. Por lo pronto, Xabier Trias (un hombre honesto) confesó a Ada Colau que la idea peregrina que de fuese investido alcalde con la colaboración del PP había surgido del empresariado y la facción ultra de los populares. Y qué decir de Madrid, donde Esperanza Aguirre torció la voluntad popular mediante el tristemente célebre tamayazo e intenta repetir la jugada.
Pero, sea como sea, es ley de vida que los burócratas eternos que ocuparon los despachos en 1978 sean expulsados de una vez por todas y asalte los cielos la juventud (veinteañera, treintañera y hasta cuarentona) que lleva demasiado tiempo viendo como gobiernan siempre los mismos.
Y, ojo, porque no se trata sólo de una cuestión de edad en el sentido estricto.
Manuela Carmena ha demostrado ser la política más joven del panorama nacional.
Susana Díaz, a su lado, es una anciana.