A un lado (a la extrema derecha de Dios Padre) brama un columnismo cipotudo que quiere ser Umbral pero se queda en Campmany y considera en peligro la patria, que es como denomina esta gente a los restaurantes de la calle Jorge Juan del barrio de Salamanca donde abrevan (incluyendo los establecimientos del callejón de Puigcerdá).
Al otro están las insignes plumas ancianas de la Santa Transición, melancólicas como Emilio Romero cuando le cerraron el diario Pueblo, extraviadas en un laberinto que no entienden, añorando las verbenas de Miguel Yuste, la Bodeguilla de Felipe y los días luminosos en que Peridis dibujaba a Carrillo fumando.
En la televisión, el pandemónium habitual de tertulianía vociferante.
Y, en medio de todo, está un país que nadie vio, una España que ha sumado sus votos para construir futuro.
La alegría está permitida y ya toca dejar de oír a los heraldos negros del pesimismo.
Ahí fuera el pueblo celebra esta victoria. Y llamo pueblo al precariado, a la juventud que pelea por un jornal y una vivienda digna, a quienes cargan su trabajo a la espalda y pedalean por la ciudad, a los resistentes de la España vacía, a las mujeres que se quieren libres, a quienes habitan los barrios, a quienes mantuvieron todo este tiempo la esperanza de que, tal vez, las cosas pudieran cambiar a mejor.
Éramos siempre 5.000 manifestándonos desde la glorieta de Atocha hasta la plaza de Jacinto Benavente. Contra el fascismo, para que salieran de la cárcel los insumisos, en solidaridad con la lucha saharaui o palestina.
Luego fuimos muchos más el 15M.
Ha sido un camino largo.
Nos hemos hecho adultos y hemos tenido que afrontar nuestras propias contradicciones.
Llegarán las dificultades y las frustraciones.
Pero, de momento, arriba los corazones.
Y:
"Brindemos
que ahora es siempre todavía".
miércoles, 8 de enero de 2020
martes, 9 de julio de 2019
IVÁN REDONDO QUIERE APOSTAR (OTRA VEZ) A LA RULETA
Las catástrofes suceden a cámara lenta. Iván Redondo está convencido de cabalgar la cresta de la ola y no hay quien, dentro del PSOE, tenga valor suficiente para contradecirle. Y, sin embargo, puede estar conduciendo al partido que lidera Pedro Sánchez a un desastre sin paliativos. Es lo que tiene entender la política como una sucesión de trucos que, a corto plazo, te otorgan una ganancia inmediata y después desdibujan cualquier proyecto y te desplazan hacia la nada.
Quien ha conversado con Iván Redondo alguna vez relata que el asesor de Pedro Sánchez concibe toda estrategia en clave cholista ("partido a partido") y está convencido de que apostarlo todo a un número da buenos resultados.
Y, sí, le ha dado buenos resultados hasta ahora.
Pero una repetición de elecciones es una jugada de alto riesgo y nadie sabe cómo asumiría el electorado una tomadura de pelo de tal calibre.
Sobre todo teniendo en cuenta que la suma de los votos de la derecha en las últimas convocatorias electorales no está tan lejos de una mayoría suficiente como para aplastar la izquierda.
Pero Pedro Sánchez ha sido convencido de que su baraka no tiene límites.
Admitamos que, incluso, lograse triturar a Unidas Podemos en una nueva convocatoria electoral con la inestimable colaboración de Íñigo Errejón.
¿Lograría mayoría absoluta?
No parece una opción muy probable.
Seguramente aguarde un viraje en Ciudadanos y la rendición de Albert Rivera para que vuelva a firmar el pacto del abrazo o menos que eso.
Se trata de gobernar desde la derecha tras haber prometido al electorado un giro a la izquierda.
Habrá que ver si la gente acepta esa trampa.
Iván Redondo está convencido de que sí porque, en el fondo, piensa que el electorado tiende a la idiocia y que el PSOE está por encima del bien y del mal.
Probemos.
Y luego lloraremos como en Madrid y en tantos sitios donde la derecha ha logrado sumar.
También puede suceder como en Castilla-La Mancha o Extremadura pero, desafortunadamente para Iván Redondo, no toda España es Castilla-La Mancha o Extremadura y si no, que prueben a presentar a Page o Fernández Vara en Cataluña, Valencia o País Vasco. Por ejemplo.
Las catástrofes suceden a cámara lenta y no suelen percibirse durante su desarrollo.
En Moncloa siguen ebrios de champán y, según todas las fuentes a las que uno consulte, están convencidos de que nada puede salir mal para Pedro Sánchez.
Otras elecciones, argumentan, reforzarían al PSOE y colocarían a Unidas Podemos en una situación aún más débil.
España, por cierto, queda fuera de la ecuación.
A nadie importa que siga creciendo la precariedad, que el precio de la vivienda se esté convirtiendo en un problema asfixiante, que la crisis (por mucho que nos empeñemos en no verlo) continúe ahí.
¿Qué tiene que perder el PSOE?
Definitivamente puede perder su credibilidad como partido de (levísima) izquierda.
Sus militantes gritaron en Ferraz "con Rivera NO" y les ha dado igual.
Bien.
El PSOE tiene derecho a gobernar con Ciudadanos y desarrollar un programa de centroderecha. Sin embargo, sería exigible cierta honestidad y comunicárselo al electorado antes de votar.
Las catástrofes suceden a cámara lenta y no habrá una movilización como la de la última vez.
O sí.
Esa es la apuesta que pretende repetir Iván Redondo en la ruleta.
Y a España que le vayan dando.
Quien ha conversado con Iván Redondo alguna vez relata que el asesor de Pedro Sánchez concibe toda estrategia en clave cholista ("partido a partido") y está convencido de que apostarlo todo a un número da buenos resultados.
Y, sí, le ha dado buenos resultados hasta ahora.
Pero una repetición de elecciones es una jugada de alto riesgo y nadie sabe cómo asumiría el electorado una tomadura de pelo de tal calibre.
Sobre todo teniendo en cuenta que la suma de los votos de la derecha en las últimas convocatorias electorales no está tan lejos de una mayoría suficiente como para aplastar la izquierda.
Pero Pedro Sánchez ha sido convencido de que su baraka no tiene límites.
Admitamos que, incluso, lograse triturar a Unidas Podemos en una nueva convocatoria electoral con la inestimable colaboración de Íñigo Errejón.
¿Lograría mayoría absoluta?
No parece una opción muy probable.
Seguramente aguarde un viraje en Ciudadanos y la rendición de Albert Rivera para que vuelva a firmar el pacto del abrazo o menos que eso.
Se trata de gobernar desde la derecha tras haber prometido al electorado un giro a la izquierda.
Habrá que ver si la gente acepta esa trampa.
Iván Redondo está convencido de que sí porque, en el fondo, piensa que el electorado tiende a la idiocia y que el PSOE está por encima del bien y del mal.
Probemos.
Y luego lloraremos como en Madrid y en tantos sitios donde la derecha ha logrado sumar.
También puede suceder como en Castilla-La Mancha o Extremadura pero, desafortunadamente para Iván Redondo, no toda España es Castilla-La Mancha o Extremadura y si no, que prueben a presentar a Page o Fernández Vara en Cataluña, Valencia o País Vasco. Por ejemplo.
Las catástrofes suceden a cámara lenta y no suelen percibirse durante su desarrollo.
En Moncloa siguen ebrios de champán y, según todas las fuentes a las que uno consulte, están convencidos de que nada puede salir mal para Pedro Sánchez.
Otras elecciones, argumentan, reforzarían al PSOE y colocarían a Unidas Podemos en una situación aún más débil.
España, por cierto, queda fuera de la ecuación.
A nadie importa que siga creciendo la precariedad, que el precio de la vivienda se esté convirtiendo en un problema asfixiante, que la crisis (por mucho que nos empeñemos en no verlo) continúe ahí.
¿Qué tiene que perder el PSOE?
Definitivamente puede perder su credibilidad como partido de (levísima) izquierda.
Sus militantes gritaron en Ferraz "con Rivera NO" y les ha dado igual.
Bien.
El PSOE tiene derecho a gobernar con Ciudadanos y desarrollar un programa de centroderecha. Sin embargo, sería exigible cierta honestidad y comunicárselo al electorado antes de votar.
Las catástrofes suceden a cámara lenta y no habrá una movilización como la de la última vez.
O sí.
Esa es la apuesta que pretende repetir Iván Redondo en la ruleta.
Y a España que le vayan dando.
lunes, 10 de junio de 2019
POR UN GOBIERNO PSOE-UNIDAS PODEMOS
El título de este artículo podría ser un encabezamiento perfecto para un manifiesto de las gentes de la cultura y las artes como el que promovió Luis García Montero de cara al 28A y que llamaba a votar contra el mal y a favor del bien, siendo el bien PSOE o Unidas Podemos, lo mismo daba. Ahora, sin embargo, no hay manifiesto que valga y parece que el bien puede ser, sin problema alguno para la farándula y los poetas, un ejecutivo del PSOE apoyado en la derecha naranja. Mientras no nos toquen el Instituto Cervantes aceptamos pulpo como animal de compañía.
Resulta curioso que, siendo un gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos el preferido por españolas y españoles (según el CIS y pese a las contorsiones de Tezanos), esta opción permanezca absolutamente invisibilizada en las tertulias, el columnismo y las opiniones de la clase opinante.
Bien es cierto que todos los tertulianos somos del PSOE y el sueño de un nuevo 1982 erotiza y para ello ha de desaparecer del mapa Podemos.
Y, sin embargo, al PSOE le vendría bien un gobierno de coalición que afianzase su imagen de partido verdaderamente progresista y se haría historia y España habría finalizado de verdad la Santa Transición que no acaba nunca.
Pero Pedro Sánchez (que estás en los cielos) cuenta con la adulación de los suyos y está convencido de que una y otra vez repetirá el relato de éxito que plasmó en su Manual de resistencia. Tal vez.
Quizás lo mejor sea votar de nuevo y, si es necesario, votar otra vez después hasta que el PSOE saque la mayoría absoluta que se merece.
Porque, sinceramente, sin ministerios no hay paraíso y un programa de gobierno está hecho para incumplirse si dentro del ejecutivo no hay participación de ambas partes firmantes.
Lo cual es una obviedad pero da igual porque, con tal de que Unidas Podemos jamás acceda al poder central, cualquier argumento es válido. No hay medio (progresista o de derechas) donde no se publique diariamente al menos un artículo poniéndole la mortaja a Pablo Iglesias en particular y a la formación morada en general.
Parece mentira que casi cuatro millones de personas votasen a Unidas Podemos en abril. Que luego fueron muchas menos en la europeas, municipales y autonómicas pero si las europeas, municipales y autonómicas eran votaciones que iban a contar para el Congreso tenían que haberlo avisado.
Veremos qué pasa pero la cosa no pinta bien y, además, dicen los periódicos que se ha acabado la crisis, como sabrá usted después de su última subida de sueldo. La gente quiere paz, moderación y que VOX no les asuste. Para ello, más o menos, vale el PSOE. Aunque luego no derogue la reforma laboral.
Sin embargo, con Unidas Podemos tendríamos un Gobierno más diverso, más plural, más proclive al cambio.
No obstante, asumo que quienes decimos esto hemos de ser considerados sectarios y con la cabeza podrida de anticuado marxismo-leninismo y que lo lógico es opinar que, saque los diputados que saque, el PSOE tiene que gobernar y el resto de personas del mundo apoyarle gratis et amore.
Y, mientras hacemos cálculos a corto plazo, la desigualdad (no se equivoquen) sigue creciendo. Vayan a los barrios (si es que no viven allí) y mírenlo. La desigualdad se paga, tarde o temprano. Y no basta con asegurar que se ha cerrado el ciclo del 15M para apaciguar los ánimos de quienes padecen injusticias.
En fin.
Que la vida sigue y, de paso, aprovecho para recomendarles que se lean Malaherba del ínclito Manuel Jabois. Por acabar con un poco de optimismo y bondad.
Resulta curioso que, siendo un gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos el preferido por españolas y españoles (según el CIS y pese a las contorsiones de Tezanos), esta opción permanezca absolutamente invisibilizada en las tertulias, el columnismo y las opiniones de la clase opinante.
Bien es cierto que todos los tertulianos somos del PSOE y el sueño de un nuevo 1982 erotiza y para ello ha de desaparecer del mapa Podemos.
Y, sin embargo, al PSOE le vendría bien un gobierno de coalición que afianzase su imagen de partido verdaderamente progresista y se haría historia y España habría finalizado de verdad la Santa Transición que no acaba nunca.
Pero Pedro Sánchez (que estás en los cielos) cuenta con la adulación de los suyos y está convencido de que una y otra vez repetirá el relato de éxito que plasmó en su Manual de resistencia. Tal vez.
Quizás lo mejor sea votar de nuevo y, si es necesario, votar otra vez después hasta que el PSOE saque la mayoría absoluta que se merece.
Porque, sinceramente, sin ministerios no hay paraíso y un programa de gobierno está hecho para incumplirse si dentro del ejecutivo no hay participación de ambas partes firmantes.
Lo cual es una obviedad pero da igual porque, con tal de que Unidas Podemos jamás acceda al poder central, cualquier argumento es válido. No hay medio (progresista o de derechas) donde no se publique diariamente al menos un artículo poniéndole la mortaja a Pablo Iglesias en particular y a la formación morada en general.
Parece mentira que casi cuatro millones de personas votasen a Unidas Podemos en abril. Que luego fueron muchas menos en la europeas, municipales y autonómicas pero si las europeas, municipales y autonómicas eran votaciones que iban a contar para el Congreso tenían que haberlo avisado.
Veremos qué pasa pero la cosa no pinta bien y, además, dicen los periódicos que se ha acabado la crisis, como sabrá usted después de su última subida de sueldo. La gente quiere paz, moderación y que VOX no les asuste. Para ello, más o menos, vale el PSOE. Aunque luego no derogue la reforma laboral.
Sin embargo, con Unidas Podemos tendríamos un Gobierno más diverso, más plural, más proclive al cambio.
No obstante, asumo que quienes decimos esto hemos de ser considerados sectarios y con la cabeza podrida de anticuado marxismo-leninismo y que lo lógico es opinar que, saque los diputados que saque, el PSOE tiene que gobernar y el resto de personas del mundo apoyarle gratis et amore.
Y, mientras hacemos cálculos a corto plazo, la desigualdad (no se equivoquen) sigue creciendo. Vayan a los barrios (si es que no viven allí) y mírenlo. La desigualdad se paga, tarde o temprano. Y no basta con asegurar que se ha cerrado el ciclo del 15M para apaciguar los ánimos de quienes padecen injusticias.
En fin.
Que la vida sigue y, de paso, aprovecho para recomendarles que se lean Malaherba del ínclito Manuel Jabois. Por acabar con un poco de optimismo y bondad.
lunes, 29 de abril de 2019
CUALQUIER NOCHE (ELECTORAL) PUEDE SALIR EL SOL
Me equivoqué y me alegro enormemente. Escribí que nos iban a triturar las derechas pero resulta que la España salvaje ha sido frenada en las urnas. Ganó Pedro Sánchez y a ver qué pasa. Si sale con barba San Antón y si no, la Purísima Concepción. Según opte por Ciudadanos, Unidas Podemos o un original gobierno monocolor con adorno rupturista en macramé.
Unidas Podemos ha sobrevivido y eso sólo puede calificarse como heroico en un país de tertulianos con hedor a cloaca y periodismo progresista obsesivamente entregado al PSOE.
Y, además, con la izquierda aterrorizada por los ladridos de VOX y optando por un voto útil que si luego se va al naranjismo poco útil va a ser.
Pero, sí, Unidas Podemos no es el cadáver que pretendieron algunos y hay que mirar cómo ha resistido en muchos de sus feudos (Madrid, Cataluña, País Vasco...), a la baja pero no tan a la baja como Rubén Amón deseara. Aunque la España vacía se ha vuelto atrás y el voto de izquierdas ha regresado masivamente al PSOE.
Nos vale este resultado electoral teniendo en cuenta que nos jugábamos que en España gobernase la ultraderecha.
Y, por cierto, tendrán que reflexionar los medios de comunicación (las televisiones especialmente) sobre la omnipresencia de VOX y el ejercicio de normalización de un discurso xenófobo, machista y ofensivo con el adversario y las minorías como el que practica la extrema derecha.
La alegría con que estrellas televisivas han abordado propuestas tan delirantes como el derecho a disparar a quien entre en nuestra casa no tiene comparación alguna con el modo en que los medios europeos serios tratan a la extrema derecha.
Pero bueno, ya pasó.
Ahora el PSOE ya está reclamando a Unidas Podemos que les regale sus votos para gobernar en solitario porque en las tablas de la ley de la Santa Transición así lo estipulan.
Veremos.
La historia (definitivamente) no está escrita.
Y, como cantaba Sisa, cualquier noche puede salir el sol.
Y, como cantaba Sisa, cualquier noche puede salir el sol.
lunes, 25 de marzo de 2019
RESURRECCIÓN Y MARTIRIO DE PABLO IGLESIAS
Escribo rápido para no equivocarme.
Pablo Iglesias reaparece y los periodistas le colman de invectivas por sus críticas a los medios de comunicación cuando todo el mundo sabe que, comenzando por Eduardo Inda y concluyendo por Alfonso Rojo (e incluyendo al candidato del PP por Málaga que escribía en Libertad Digital), los periodistas somos gente honrada.
Pregunta Pablo Iglesias a Manuela Carmena a quién va a votar el 28-A pecando de una ingenuidad enternecedora: va a votar al PSOE. Ya lo dijo Felipe González: "Es una de las nuestras". Más pertinente sería preguntar a la actual alcaldesa si se presenta a las elecciones para ser otra vez alcaldesa o, como aseguran en su entorno y saben (me parece) en Podemos, se retirará en cuanto llegue y cederá su bastón de mando a Marta Higueras.
Reúne Pablo Iglesias a una interesante multitud frente al museo Reina Sofía y la imagen no es merecedora de ninguna primera plana aunque, curiosamente, sí que genera abundantísimas columnas de opinión y crónicas en las que se dispara a discreción contra el líder de Podemos.
Pregunta Hilario Pino que por qué no contrataron Irene Montero y Pablo Iglesias a alguien para que les cuidase a sus bebés y subraya Ábalos (voz cavernosa y meridianamente clara del PSOE) que lo de irse a cambiar pañales fue una mala idea. Los hombres duros no limpian cacas.
Apela Pablo Iglesias a La Gente, como en el sermón de la montaña que llenara la Puerta del Sol (¿recuerdan la Marcha del Cambio?) pero la duda es si, al final, La Gente carece de toda pulsión heroica y se conforma con que no gobierne VOX o un escaño de PACMA en el Congreso (que siempre hace bonito).
Asegura Cayetana Álvarez de Toledo, candidata por Barcelona del PP orgullosa (lo ha dicho ella) de no hablar una palabra de catalán, que ha visto a Pablo Iglesias "viejo y cansado". Claro, por no seguir los consejos de Hilario Pino.
Reaparece Pablo Iglesias presto para el martirio aunque de las catacumbas a la gloria siempre hay un paso y, además, lo de las encuestas también lo vimos en Andalucía ("Susana gana de calle") y luego vino la noche oscura del alma con los andaluces de Jaén (aceituneros altivos) llorando su abstención.
En fin, que veremos.
Pablo Iglesias reaparece y los periodistas le colman de invectivas por sus críticas a los medios de comunicación cuando todo el mundo sabe que, comenzando por Eduardo Inda y concluyendo por Alfonso Rojo (e incluyendo al candidato del PP por Málaga que escribía en Libertad Digital), los periodistas somos gente honrada.
Pregunta Pablo Iglesias a Manuela Carmena a quién va a votar el 28-A pecando de una ingenuidad enternecedora: va a votar al PSOE. Ya lo dijo Felipe González: "Es una de las nuestras". Más pertinente sería preguntar a la actual alcaldesa si se presenta a las elecciones para ser otra vez alcaldesa o, como aseguran en su entorno y saben (me parece) en Podemos, se retirará en cuanto llegue y cederá su bastón de mando a Marta Higueras.
Reúne Pablo Iglesias a una interesante multitud frente al museo Reina Sofía y la imagen no es merecedora de ninguna primera plana aunque, curiosamente, sí que genera abundantísimas columnas de opinión y crónicas en las que se dispara a discreción contra el líder de Podemos.
Pregunta Hilario Pino que por qué no contrataron Irene Montero y Pablo Iglesias a alguien para que les cuidase a sus bebés y subraya Ábalos (voz cavernosa y meridianamente clara del PSOE) que lo de irse a cambiar pañales fue una mala idea. Los hombres duros no limpian cacas.
Apela Pablo Iglesias a La Gente, como en el sermón de la montaña que llenara la Puerta del Sol (¿recuerdan la Marcha del Cambio?) pero la duda es si, al final, La Gente carece de toda pulsión heroica y se conforma con que no gobierne VOX o un escaño de PACMA en el Congreso (que siempre hace bonito).
Asegura Cayetana Álvarez de Toledo, candidata por Barcelona del PP orgullosa (lo ha dicho ella) de no hablar una palabra de catalán, que ha visto a Pablo Iglesias "viejo y cansado". Claro, por no seguir los consejos de Hilario Pino.
Reaparece Pablo Iglesias presto para el martirio aunque de las catacumbas a la gloria siempre hay un paso y, además, lo de las encuestas también lo vimos en Andalucía ("Susana gana de calle") y luego vino la noche oscura del alma con los andaluces de Jaén (aceituneros altivos) llorando su abstención.
En fin, que veremos.
jueves, 21 de marzo de 2019
PUES SÍ QUE ERAN UN POCO FASCISTAS
En la oscura noche de las elecciones andaluzas, cuando irrumpió VOX en su primer parlamento, salió Pablo Iglesias a decir: "Alerta antifascista". La progresía miedica aconsejó mesura y hasta frunció el ceño (cómo no) Íñigo Errejón, que luego apostó por aplicar el método "abrazos gratis" con la ultraderecha y defendió que hay que hablar, conversar, dialogar y dar besos.
"No hay tantos fascistas en Andalucía ni en España" argumentaba la tertulianía y así nos quedábamos tranquilos.
Pero resulta que, pasado el tiempo, parece que sí son bastante fascistas esta gente de VOX porque no de otro modo se puede calificar a quienes proponen ilegalizar partidos políticos, recuperar la joseantoniana dialéctica de las pistolas, "curar a los homosexuales" o rehabilitar a los buenos alemanes que fueron juzgados en Núremberg.
He escuchado estos días a progresistas tan respetables como Joaquín Estefanía y Joan Coscubiela aludir al fascismo (y al franquismo, claro) para referirse a VOX.
Ahora sí.
Pablo Iglesias suele pecar de excesiva rudeza aunque, admitámoslo, esta vez parece que no andaba muy desencaminado.
"¿Y quienes votan a VOX, son fascistas, son mala gente?" preguntan los piadosos.
Tal vez no sean gente malvada pero sí son gente absolutamente equivocada y hay que decírselo frontalmente. De otro modo puede que vayan a las urnas pensando que la papeleta de VOX es lo mismo que la de PP, Ciudadanos, PSOE o Podemos. Y no. VOX es la barbarie, el regreso a la España irrespetuosa y con aspiraciones totalitarias. Vote usted al PP si le da la gana o a Ciudadanos. Gobierne la derecha si en España resulta mayoritaria. Pero votar a VOX es un error criminal.
"Esta usted exagerando" amonesta el moderado.
Y no.
Las brutalidades que VOX está colocando en la agenda política son una regresión al primitivismo. En una España que todavía tiene (en grandes franjas de la población) dificultades para llegar a fin de mes, debaten las televisiones sobre la pertinencia de ofrecer armas de fuego a la ciudadanía para que se defienda de las presuntas hordas de delincuentes que nos acosan.
Debatimos de estupideces porque comprarmos la agenda de la ultraderecha.
Luego en los medios hablaremos de las fake news y volveremos a decir que Rusia es culpable.
"Pero también a Podemos se le dio una enorme presencia mediática y son radicales" apunta el constante apuntador.
No es lo mismo y quien no quiera verlo tiene un problema. Jamás hizo Podemos propuestas contrarias a la dignidad del prójimo ni iba más allá en sus postulados de las propuestas clásicas de una socialdemocracia estricta. Aunque, claro, esto lo negará el derechista de turno y recordará el miedo que le dio ver en el Congreso a Carolina Bescansa dando la teta a su nene.
Pero a lo que vamos.
Como Pablo Iglesias suele ser el pin pan pun de los opinantes que opinan en periódicos y televisiones, su expresión "alerta antifascista" fue afeada por los editorialistas a la violeta. Ay, hijo, que violento te pones (vinieron a decir).
En el caso de la paleoprogresía, lo de no llamar a las cosas por su nombre (fascismo a lo que huele a fascismo) tenía mucho de esconder la cabeza bajo la arena como el avestruz, confiando en que si no miras, el monstruo se desvanecerá tras el cortinaje.
Resulta que no.
El monstruo está ahí y hay que enfrentarlo con la terminología adecuada.
"No hay tantos fascistas en Andalucía ni en España" argumentaba la tertulianía y así nos quedábamos tranquilos.
Pero resulta que, pasado el tiempo, parece que sí son bastante fascistas esta gente de VOX porque no de otro modo se puede calificar a quienes proponen ilegalizar partidos políticos, recuperar la joseantoniana dialéctica de las pistolas, "curar a los homosexuales" o rehabilitar a los buenos alemanes que fueron juzgados en Núremberg.
He escuchado estos días a progresistas tan respetables como Joaquín Estefanía y Joan Coscubiela aludir al fascismo (y al franquismo, claro) para referirse a VOX.
Ahora sí.
Pablo Iglesias suele pecar de excesiva rudeza aunque, admitámoslo, esta vez parece que no andaba muy desencaminado.
"¿Y quienes votan a VOX, son fascistas, son mala gente?" preguntan los piadosos.
Tal vez no sean gente malvada pero sí son gente absolutamente equivocada y hay que decírselo frontalmente. De otro modo puede que vayan a las urnas pensando que la papeleta de VOX es lo mismo que la de PP, Ciudadanos, PSOE o Podemos. Y no. VOX es la barbarie, el regreso a la España irrespetuosa y con aspiraciones totalitarias. Vote usted al PP si le da la gana o a Ciudadanos. Gobierne la derecha si en España resulta mayoritaria. Pero votar a VOX es un error criminal.
"Esta usted exagerando" amonesta el moderado.
Y no.
Las brutalidades que VOX está colocando en la agenda política son una regresión al primitivismo. En una España que todavía tiene (en grandes franjas de la población) dificultades para llegar a fin de mes, debaten las televisiones sobre la pertinencia de ofrecer armas de fuego a la ciudadanía para que se defienda de las presuntas hordas de delincuentes que nos acosan.
Debatimos de estupideces porque comprarmos la agenda de la ultraderecha.
Luego en los medios hablaremos de las fake news y volveremos a decir que Rusia es culpable.
"Pero también a Podemos se le dio una enorme presencia mediática y son radicales" apunta el constante apuntador.
No es lo mismo y quien no quiera verlo tiene un problema. Jamás hizo Podemos propuestas contrarias a la dignidad del prójimo ni iba más allá en sus postulados de las propuestas clásicas de una socialdemocracia estricta. Aunque, claro, esto lo negará el derechista de turno y recordará el miedo que le dio ver en el Congreso a Carolina Bescansa dando la teta a su nene.
Pero a lo que vamos.
Como Pablo Iglesias suele ser el pin pan pun de los opinantes que opinan en periódicos y televisiones, su expresión "alerta antifascista" fue afeada por los editorialistas a la violeta. Ay, hijo, que violento te pones (vinieron a decir).
En el caso de la paleoprogresía, lo de no llamar a las cosas por su nombre (fascismo a lo que huele a fascismo) tenía mucho de esconder la cabeza bajo la arena como el avestruz, confiando en que si no miras, el monstruo se desvanecerá tras el cortinaje.
Resulta que no.
El monstruo está ahí y hay que enfrentarlo con la terminología adecuada.
sábado, 29 de diciembre de 2018
LO QUE SUCEDERÁ EN 2019
El fantasma de las Navidades
futuras trae malas noticias para la izquierda.
El ciclo reaccionario que dio
comienzo en Andalucía será un oleaje que arrase en próximas elecciones
autonómicas y municipales. Y después en las generales.
El electorado de izquierdas
se halla exhausto y desanimado. De nada ha valido la moción de censura. De nada
valió que surgiera una fuerza rupturista y de cambio que tomó al asalto
instituciones al grito de Sí se puede.
De nada ha servido nada.
Por mucho que Gramsi
recomendase el optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la razón ha cundido
la sensación de que resulta imposible hacer frente a un destino sombrío.
Contra Podemos ha valido la
política de tierra quemada de la propia izquierda y del progresismo senil que
ha disparado hacia la formación morada una y otra vez agudizando sus
contradicciones internas.
Contra el PSOE ha valido el
PSOE mismo, en un incansable camino de moderación hacia ninguna parte y la
batalla permanente de una socialdemocracia regional cuya pedagogía política
consiste en gritar ¡viva España! ante cualquier duda.
Contra ambas opciones
políticas ha valido la amenaza catalana y la torpeza de un independentismo que
algo debiera leer en Lenin y otros pensadores sobre el asunto de la correlación
de fuerzas.
Al electorado de PP,
Ciudadanos y a una parte de los votantes del PSOE no les inquieta tanto VOX
como Quim Torra así que tendremos España para rato pero España de derechas.
Y no creo que vaya a servir
de nada apuntar con el dedo a Casado y Rivera por pactar con una ultraderecha a
la que ni siquiera se puede llamar fascista por si se molestan sus electores.
Con que esto es lo que hay.
Pedro Sánchez gobierna pero
lo hace con 84 diputados y sin haber intentado siquiera un ejecutivo de coalición
y la ley de gravedad existe así que todo lo que lanzamos hacia lo alto tiende a
caer.
Pero ¿y si logramos que en
las campañas electorales que vienen se hable de desigualdad, de los desahucios
que persisten, del problema de la vivienda, del machismo rampante y de otros
asuntos que no tengan a Cataluña en el centro?
Dará igual.
El cabreo contra los
banqueros se ha esfumado porque Miguel Blesa ya se suicidó y Rato está en la
cárcel y ahora toca dirigir la furia hacia otros objetivos: los catalanes, los
inmigrantes, las feministas, los impuestos excesivos, las restricciones de
tráfico, el que los belenes de Navidad que montan los ayuntamientos del cambio
resulten ofensivamente ridículos…
Nos lo hemos buscado,
queridos camaradas.
La izquierda sigue jugando a
sus cosas, creyendo en esa España bonita que Zapatero pintó de colorines, donde
la homosexualidad era respetada, a nadie le gustaba ir a los toros y sentábamos
a un inmigrante a nuestra mesa.
Pero resulta que no.
Que otra España estaba ahí.
Ha vuelto.
Van a gobernarnos PP,
Ciudadanos y VOX.
Acostúmbrense.
O no se acostumbren.
Nada está escrito.
Frente a la resignación
existe la posibilidad de preparar una contraofensiva que impugne el discurso
reaccionario.
Sin embargo, eso necesitaría
de una inteligencia política que fuera más allá de los cálculos electorales o
más allá de las claves de lucha política por el poder dentro del partido de
turno.
Y precisaría también que en
unas próximas elecciones generales no tuvieran la llave de la gobernabilidad
los grupos independentistas catalanes.
Dicho de otro modo.
Que PSOE y Podemos pudieran
(y quisieran) sumar.
¿Sucederá?
Tal vez.
Pero, de momento, lo que veo
para un futuro próximo es el regreso de la España que huele a Varón Dandy.
Y ojalá me equivoque y puedan
en los próximos meses restregarme por la cara lo mal analista y augur que soy.
Sea como fuere, pásenlo bien,
feliz 2019 y que Dios (o el diablo) reparta suerte.
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