viernes, 2 de junio de 2017

OPERACIÓN PEDRO (PARTE 2)

Vuelve el hombre, como decía aquel viejo (y heteropatriarcal) anuncio de colonia. Regresa Pedro Sánchez, vencedor sobre la esperanza de Triana, y toca reorganizar fuerzas a los socialdemócratas que habitan el establishment, temerosos de Dios, de Mélenchon y de que les arrebaten el álbum de fotos de aquel tiempo sencillo en el que se podía ser de PSOE y feliz mientras, por la noche, se acudía a un concierto de Víctor y Ana ("tun tun/ ¿quién es?/una rosa y un clavel").
Es un lío porque si ganaba Snchz, éste se iba a convertir en Hamon o en Corbyn pero resulta que el veterano laborista remonta en las encuestas porque en Gran Bretaña vuelve a ser cosa de socialismo o barbarie.
Pero vayamos al meollo del asunto.
Está en marcha la Operación Pedro 2, el enésimo intento de restauración del bipartidismo, la resurrección socialdemócrata definitiva.
El analismo tertuliano insiste en retratar a Podemos en la soledad del corredor de fondo que ha perdido fuelle pero recomendaría a los dirigentes de la formación morada que no se dejasen llevar por la ansiedad porque, como bien sabe ahora Susana Díaz, ni los columnistas ni los directores de periódico representan a nadie.
Volvamos, no obstante, al PSOE.
Recién elegido su fotogénico líder el partido sigue (más o menos) en las mismas.
Junto a PP y Ciudadanos los socialistas han hecho un enjuague muy raro en la Comisión de Interior y Pedro Quevedo le ha regalado los Presupuestos a Rajoy simulando que no fue en las listas del PSOE.
El resurrecto líder exhibe su masculina belleza y sonríe sin decir nada. Ahora tiene detrás a gente del guerrismo e, incluso, según cuentan, al camarada Intxausti (es decir, Pepe San Roma, veterano dirigente de la maoísta ORT de cuando la Santa Transición).
De Zapatero a Mao.
Da igual. El sistema se apresta a reinventar a Sánchez para reeditar el turnismo y luego está toda esa generación de nuestros padres (Joaquín Estefanía, Sol Gallego-Díaz, etc) para quien la extinción del PSOE sería el definitivo crepúsculo de una juventud dorada en la que éramos reyes.
Así que Pedro Sánchez se moderará, volverá al centro y nos hallaremos en la casilla de salida otra vez.
Puede existir la opción portuguesa, quién sabe, pero del astuto (y bregado) Antonio Costa a Pedro Sánchez hay un trecho.
Aguardemos las primeras encuestas que, en la línea de lo que anhela el establishment, coloque al PSOE repuntando.
Y de la moción de censura, decir que Sánchez no la apoyará (está anunciado) y tampoco presentará una propia (como sugirió) porque, una vez recuperado su despacho en Ferraz, tampoco se va a enredar con peligros innecesarios. Lo cual resultará deprimente para una ciudadanía que sufre la precariedad creciente (por un lado) y la corrupción rampante (por el otro).
En fin, que todo es posible en Granada (como decía el título de una película de Manolo Escobar) pero lo más probable es que Pedro Sánchez decepcione a quienes esperan de él que se comporte como un verdadero líder de izquierdas.
Es lo del escorpión y la rana, no pidan peras al olmo de la socialdemocracia.
Y, sí, ojalá me equivoque.

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