viernes, 18 de noviembre de 2016

SOBREACTUACIÓN MONÁRQUICA

Al sol del otoño, calentito tras el vidrio, escribe Rubén Amón como si fuera Agustín de Foxá en un ABC soñado. El papel de periódico amarillea bajo los tacones de doña Letizia, las niñas están guapísimas, Majestad, y la genuflexión resulta un vicio delicioso para cronistas de la Corte que aspiran a cenar en Zarzuela o, por lo menos, que les regalen unas entradas para la ópera.
El caso es que en el Congreso se ha producido una sobreactuación monárquica, con diputados del PSOE, PP y Ciudadanos traídos de todas las latitudes para que aplaudan con furia al Rey y parezca que es España quien aplaude pero no, España no son estos burócratas triperos que se han colado por un día en el hemiciclo para romperse las manos y jalear.
España vive la monarquía entre la indiferencia y un escepticismo republicano que nadie sabe calibrar porque el CIS lleva años sin preguntar al respecto no sea que la liemos parda como la socorrista aquella.
Para colmo (y regocijo de la tertulianía biempensante) al Rey le han colado en el discurso una opinión claramente partidista y ha dicho, en resumen, que los que no apoyaron que Rajoy gobernase son irrespetuosos y faltos de generosidad.
La neutralidad de la Corona ha volado por los aires con una frase tan pretendidamente inocente como la preciosa mirada azul de la princesa Leonor que ha inspirado los mejores versos de Rubén Amón.
Y, sin embargo, admitámoslo, tenía algo de medieval ver a las diputadas y diputados haciendo una reverencia servil a dos niñas. 
Luego sucederán cosas raras en las urnas (o en las calles) y las élites que escriben en los periódicos antiguos no entenderán absolutamente nada pues están convencidos de que el retrato de España es el de sus pares en las cenas donde el ex ministro se codea con el consejero delegado y come pan el gacetillero con hambre, que siempre queda simpático.
Creíamos que se habían roto los diques de lo cortesano con la abdicación de Juan Carlos I pero el columnismo fetén ha vuelto a levantarlos con profusión de adjetivos churriguerescos.
Y, claro, como se preguntaba Chicho Ibáñez Serrador en aquella excepcional película: ¿quién puede matar a un niño? ¿Quién puede criticar una institución que ya exhibe como símbolos regeneradores las trenzas rubias de dos querubines tan monos?
Pero, mientras tanto, la vida sigue. Y España no se ha levantado irreductiblemente monárquica por mucho que aplaudan sus señorías y miren con gesto avieso a quien no lo hace.
El derecho a la discrepancia continúa vigente (hasta nueva orden).
Y la sobreactuación monárquica resulta de lo más ridículo, se pongan como se pongan.
Allá ellos.

viernes, 28 de octubre de 2016

SINVERGÜENZA, CAPULLO, GILIPOLLAS

La misericordia cristiana que desplegaron los medios de comunicación y el tertulianismo del búnker para con Felipe González cuando hace poco le protestaron estudiantes radicales en la Universidad Autónoma de Madrid no ampara a Pablo Iglesias. Al líder de Podemos se le puede calificar de "sinvergüenza", "capullo" y "gilipollas" en el mismísimo Congreso de los Diputados sin que se produzcan aspavientos condenatorios. Si Podemos espolea "atmosféricamente" (Ruben Amón dixit) una difusa violencia antisistema, no sé cómo habría que calificar el insulto sin matices contra quien dirige una organización política con cinco millones de votantes.
A Antonio Elorza, desde luego, no le debió de molestar en absoluto o (al menos) no lo expresó y sí incidió al día siguiente en que Pablo Iglesias se come a los niños crudos.
En la radio se escuchó a la tertulianía paleoprogresista ridiculizar al líder de Podemos comparándolo con el Rayo Vallecano, cosa que a los que somos de Vallecas y del Rayo nos escuece y que denota un cierto tono de clasismo un tanto repugnante.
La crispación está ahí y no la ha traído Podemos al Congreso. Se trata del establishment construyendo lo que Belén Barreiro apunta en su excelente artículo ¿Hacia un sistema democrático de partido único?
La Triple Alianza de PP-PSOE-Ciudadanos dibuja un panorama demasiado parecido al que aparece en el cómic V de Vendetta de Alan Moore y ya se sabe cómo acaba ese relato, con el parlamento volando por los aires.
Pero así seguiremos, supongo, ya que Pablo Iglesias es el blanco preferido de quienes no quieren que España cambie y por ello le han calificado de "maltratador", "narcisista bad boy" siempre "dispuesto a destripar a la brava a quien se ponga por delante", "tigre dispuesto a devorarlo todo"... Resultaría interminable la compilación de imprecaciones públicas contra un personaje al que, hasta ahora, se contrapone la dulzura de Íñigo Errejón.
Pero que nadie se equivoque: si mañana Íñigo Errejón sustituyera a Pablo Iglesias, se convertiría inmediatamente en el mismo monstruo sin entrañas que la viejísima casta pinta a cada ocasión para asustar a las monjitas.

sábado, 1 de octubre de 2016

UNA PELEA DE BURÓCRATAS

Salió a la palestra Josep Borrell y puso de manifiesto el radical abismo que separa la inteligencia política de cierta generación de socialistas y la irreflexión del actual plantel de dirigentes que andan a palos entre ellos.
Están los dinosaurios (con Felipe González a la cabeza) y Borrell, un socialista íntegro aunque (por equivocación) le hayamos incluido alguna vez en la lista de beneficiarios de las puertas giratorias. Borrell es brillante y no le hubiera hecho falta un ministerio para ocupar un lugar de privilegio en la empresa privada.
Pero a lo que vamos. Borrell habló y dejó claro que sea lo que sea lo que quiera ser el PSOE de lo que se trata es de construir un relato coherente en vez de conducirse en un zigzag de bandazos absurdos.
Él aceptaría una abstención pero con condiciones y, en todo caso, antes de eso apoya explorar la vía de un gobierno de cambio.
Porque, como reconoció de modo certero, "en Podemos están muchos de nuestros hijos".
Y replicó a Felipe: si hay que respetar a los votantes del PP también hay que mostrar ese mismo respeto con los cinco millones de electores que optaron en las elecciones por la formación morada.
Se vio perfectamente la sideral distancia entre alguien que sí tiene convicciones ideológicas y los burócratas que se pelean por quedarse con el PSOE en propiedad.
Simples burócratas todos: Pedro Sánchez, Susana Díaz, Antonio Hernando, Verónica Pérez, César Luena, Juan Cornejo, Antonio Pradas, Rafael Simancas...
El resumen del nivel en el que se está moviendo el PSOE es el emoji llorón de Patxi López para expresar su desolación ante la crisis del partido en que milita.
Teresa Rodríguez ha dicho a la cara en más de una ocasión a Susana Díaz que su problema es que no ha trabajado en la vida.
Basta con echar un vistazo a la trayectoria profesional de los nuevos mandos del PSOE para ver de qué va esta historia.
Verónica Pérez (la que se arroga la jefatura socialista a las puertas de Ferraz enviada por Susana Díaz) se votó a ella misma como concejala cuando tuvo edad para ir por primera vez a las urnas y desde entonces no se ha apeado del cargo.
César Luena ha hecho el trayecto de Logroño a Madrid sin abandonar la mullida moqueta de los despachos del PSOE.
Antonio Pradas entró adolescente en el PSOE y tres cuartos de lo mismo, saltando de una diputación a una alcaldía pasando por la dirigencia de alguna sociedad pública.
Antonio Hernando comenzó como abogado de la UGT y llegó a ser vicepresidente de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes y luego fue adoptado, según dicen, por Rubalcaba
Y así todo.
No se trata de criminalizar la política profesional pero resulta muy dudoso que gente así tenga conciencia de lo duro que ha sido la crisis han sufrido numerosísimas españolas y españoles.
Y luego está el vacío ideológico en el que se mueven los de uno y otro bando.
A Pedro Sánchez le reivindican como Corbyn a la española cuando después del 20D pactó un programa de centroderecha con Ciudadanos.
Susana Díaz, según quienes conocen bien la política andaluza, lleva sin gobernar desde que llegó y en su discurso, más allá de tópicos y sentimentalismo barato, no se atisba noción alguna de cuál es su idea de socialdemocracia.
Así que se trata de una pelea descarnada por el poder. No hay más.
Luego están los opinadores y artistas que, con un argumentario propio del que despliega una Miss en pugna por la corona, piden la paz mundial y un gobierno PSOE-Podemos-Ciudadanos.
La cuadratura del círculo.
Esta crisis refleja el agotamiento del Régimen del 78 que, a la vez, tal y como señala Lucía Méndez, está siendo juzgado en el caso de las tarjetas black: los viejos partidos, los sindicatos, el empresariado y toda una élite que perdió el contacto con la realidad y creyó que era absolutamente normal enriquecerse de cualquier modo.
Pedro Sánchez no es nuestro Corbyn. Ojalá lo fuera. Supondría ello que hay un debate ideológico.
Pero no.
Solamente hay burócratas batallando porque, como también dijo Teresa Rodríguez a Susana Díaz en el parlamento andaluz, no tienen dónde volver si se les acaba la política.

miércoles, 31 de agosto de 2016

LO QUE LA PRENSA NO DIRÁ MAÑANA


Con la soberbia que me caracteriza haré una serie de valoraciones acerca de lo visto en la primera sesión de investidura acaecida en el Congreso y que (a buen seguro) no coincidirá con lo que la prensa biempensante (tertulianía y analismo en general) va a contar mañana por la mañana si no se rompe la noche.
Y digo.
Que a Pedro Sánchez se le veía acojonadito pese al excelente bronceado que ha conseguido este verano.
Que Mariano Rajoy estuvo bien, con su retranca gallega a pleno rendimiento y como si en el fondo le importase un bledo ser machacado en la votación.
Que Albert Rivera no sabía si sorber o soplar y, de modo inadvertido para él mismo, puso ojitos de amor cuando Rajoy le lanzó un requiebro ("está bien hacer nuevos amigos").
Que Pablo Iglesias estuvo muy bien (esto sí que no se lo oirán a casi ningún periodista porque somos como somos y todavía Podemos no invita a gambas en Casa Manolo, que mira que se lo tengo dicho).
Que el PNV es un partido extraño, a medio camino entre el carlismo decimonónico y la doctrina social de la Iglesia de León XIII.
Que los catalanes siempre van a su rollo.
Que Coalición Canaria mola mucho porque siempre vota a favor (de Sánchez, de Rajoy y hasta de Felisuco si se diera el caso) con tal de que les prometan alguna cosilla para las islas.
Que el debate tuvo un nivel notable y, desde luego, se situó bastante por encima de las tertulias donde los periodistas exhibimos una superioridad moral que no se explica teniendo en cuenta que todos (me incluyo) hemos errado en cada pronóstico realizado.
Que los rusos han escuchado marcianos y eso le va a complacer sobremanera a Iker Jiménez y a su mujer.
Que vamos con flores a María a votar en Navidad lo cual va a ser para mear y no echar gota.
Que Serrat y Sabina siguen insistiendo en que si todos cerramos los ojos muy fuerte y nos damos la mano lograremos un mundo mejor en el que se haga realidad un gobierno PSOE-Ciudadanos-Podemos-Partido del Bierzo.
Que Javier Cárdenas hará felices a todos los cuñados de España con su nuevo programa en TVE.
Que el bipartidismo era muchísimo más aburrido.
Que el señor de Unión del Pueblo Navarro era totalmente como uno imagina a un diputado (muy) de derechas de Pamplona (aunque a lo mejor no sea de Pamplona que, como decía Paco Umbral, no querrá usted que me levante ahora a mirarlo).
Que Antonio Hernando (el de las gafas de colores) volvió a hacerlo: "Pablo Iglesias pudo hacer presidente a Pedro Sánchez y no quiso".
Que España se merecería un gobierno del cambio pero, de momento, pintan bastos.
Y nada.
Sólo eso.
Perdonen las disculpas y que no se extinga la llama.

jueves, 23 de junio de 2016

CARTA A IRENE, AMIGA INDECISA

Esto no le va a gustar nada a nuestro común amigo José Luis Fuentecilla. Porque voy a hacer un discurso sentimental. La política nace (también) de las emociones.  Y, en el fondo, querida Irene, tú y yo somos unos sentimentales. Así que hablemos de lo que importa.
Venimos de muy lejos. De las asambleas del 0'7, las huelgas estudiantiles, el no a la guerra, la terrible mañana de marzo en la que sobre la sangre se vertieron infames mentiras, ese mayo de flores en la Puerta del Sol, el principio de todo, aquel domingo tan reciente en que nos emborrachamos atardeciendo en Las Vistillas porque con Manuela había llegado la decencia a nuestra ciudad.
Y ahora se abre otro capítulo más. Un capítulo decisivo.
Ahora toca decidir si, de verdad, las cosas pueden ser diferentes
Nada es perfecto.
No lo es Podemos y no lo es (ni muchísimo menos) Pablo Iglesias.
Pero ellas y ellos son los nuestros.
La gente con la que hemos estado caminando hasta ahora, los mismos con los que nos hemos cruzado en la facultad, en las manifestaciones, en los bares de Malasaña y Lavapiés, en las largas horas de soñar un futuro probable.
También existe la posibilidad de apartarnos a un lado, dejar a los burócratas en sus sillones, eludir la pelea.
No es nuestro estilo, Irene.
No somos tan jodidamente viejos.
Aprovechemos la oportunidad y concedámonos un poco de diversión. Tampoco pasa nada. Si nos equivocamos, dentro de cuatro años (o antes) cambiaremos el voto y volveremos a lo de siempre.
Así de simple.
Venimos de muy lejos. El mismo mar de todos los veranos regresará a devolvernos la infancia y luego miraremos hacia atrás y habrá que preguntarse si hicimos lo que debíamos.
Y tú y yo, Irene, volveremos a disentir y a la risa purificadora que lo borrará todo y tal vez no te haya convencido. Pero qué importa. Siempre quedará el próximo encuentro.


miércoles, 8 de junio de 2016

EL DILEMA SÁNCHEZ

El problema del PSOE en esta campaña es que no tiene un relato al que aferrarse más allá de apelar a los "socialistas de corazón" para evitar la extinción de un partido histórico.
El problema del PSOE es que pactó con Ciudadanos, que es una derecha (a poco que se escuche con atención al ultraliberal Garicano) más peligrosa si cabe que la que representa el Partido Popular. Ciudadanos es el copago sanitario, la desregulación laboral, el fin de la universidad para todos y (aunque, de momento, lo disimulan un poco) la xenofobia que viene.
El problema del PSOE es que ha optado por el enfrentamiento frontal con Podemos y por la burda demonización de Pablo Iglesias, lo cual quiere decir que jamás aceptará un pacto con la formación morada y lo cual quiere decir (tal y como admiten -siempre off the record- dirigentes del PSOE) que se verán abocados a dejar que gobierne Mariano Rajoy si éste se coloca como el candidato más votado.
El problema del PSOE es que, una vez el pacto entre socialistas y Ciudadanos se ha convertido en inoperante, no existe un escenario realista en el cual Pedro Sánchez pueda siquiera intentar la formación de gobierno. Podría suceder si el PSOE gana las elecciones y queda como fuerza más votada. Pero eso no va a pasar. Podría suceder si Mariano Rajoy queda primero y (otra vez) renuncia ante el Rey a intentar conformar un ejecutivo y no se produce el temido sorpasso. Pero eso ni mucho menos va a pasar (lo del sorpasso está en el aire; lo de que Rajoy vuelva a borrarse del mapa, ni en sueños).
El problema del PSOE es que sus burócratas de guardia (Hernando, Luena, López) siguen empeñados en insultar a Pablo Iglesias día sí y día también. Y eso acaba provocando franca antipatía e, incluso, un peligroso efecto rebote porque si el PSOE y Eduardo Inda coinciden, apaga y vámonos.
El problema del PSOE es que tiene un tono de campaña triste y crispado que sólo seduce a quienes (por inercia generacional o patriotismo de partido) creen que las cosas nunca deben cambiar.
El problema del PSOE es que no se atreve a tomar un nuevo rumbo y sus barones representan la España anciana.
El problema del PSOE son las amplísimas capas de precariado que abundan en este país y a las que "la amenaza venezolana" les es absolutamente indiferente.
El problema del PSOE es que los "socialistas de corazón" se han pasado, en muchos casos, a Podemos y sus confluencias.
El problema del PSOE es que ha tratado a más de cinco millones de votantes con un desprecio que ahora puede volvérseles en contra.
El dilema de Pedro Sánchez es apostar por la ruptura de los viejos apriorismos y avenirse a un gobierno de coalición con las fuerzas de progreso o quedar relegado (hasta nueva orden ciudadana) a una posición ornamental.
Pero Pedro Sánchez sigue hablando de ganar las elecciones y exigiendo a Ciudadanos y Podemos una adhesión inquebrantable para que gobierne el PSOE porque "así es como funcionan las cosas".
Y no.
Las cosas ya no funcionan así.
Podemos y sus confluencias gobiernan en las grandes ciudades de España y eso significa que tienen perfecto derecho a gobernar el país.
Queda todavía el recurso al miedo (ese que están explotando PP y Ciudadanos con escasa fortuna).
Veremos cómo transcurre la campaña.
El dilema Sánchez se resume en un hecho tozudo: sin Podemos resulta imposible cambiar España y echar al PP de la Moncloa.

jueves, 21 de abril de 2016

LOS PERIODISTAS Y PABLO IGLESIAS

Acusa la Asociación de la Prensa de Madrid a Pablo Iglesias (entre otras muchas cosas) de procacidad. Ahí le han dado. La verdad es que yo tengo poco respeto por la profesión periodística porque llevo unos cuantos años ejerciéndola y nos conocemos todos pero tampoco voy a disculpar la torpeza del líder de Podemos. A los periodistas (mira que se lo tengo dicho) hay que invitarles a gambas y con eso se les tiene ganados para la causa. Pero Pablo Iglesias no aprende.
Lo de la procacidad, supongo, es porque dijo no sé qué de masturbarse para criticar a algunos periodistas y cometió la estupidez (las cosas como son) de mencionar a un periodista en concreto llamado Álvaro Carvajal.
Salieron en tromba los chicos (y chicas) de la prensa a decir que hasta ahí podíamos llegar y, en parte, tenían un poco de razón pero yo me acordé de cuando Federico Jiménez Losantos dijo que a él le gustaría matar a tiros a los de Podemos y ningún compañero se levantó de la mesa ni protestó y no sólo eso sino que a Losantos le invitaron al cumpleaños de Vargas Llosa. La APM no recuerdo que levantase el dedo y alertase de lo poco ejemplar de amenazar con un tiro a bocajarro al prójimo.
La APM, para quien no conozca tal asociación, es una cosa a la que se inscribían los periodistas para tener médico privado. Resulta que ese servicio lo pagaba la Comunidad de Madrid con dinero público y entre Podemos, PSOE y Ciudadanos se lo quitaron y hubo llanto y crujir de dientes y los honrados trabajadores de la prensa se quedaron sin ir a la Jiménez Díaz, hospital que (según dicen) está muy bien para dar a luz.
Pero vayamos al lío: ¿tiene derecho Pablo Iglesias a criticar a un periodista concreto e ironizar con su habitual colmillo? Pues, hombre, según. Si el periodista es Paco Marhuenda o Eduardo Inda, que dirigen medios y pueden defenderse a voces, más bien sí. Pero el pobre Álvaro Carvajal es un plumilla de a pie y a esos se nos tiene que tratar con piedad cristiana.
Cualquiera que haya trabajado en un medio sabe que el periodista está sujeto a contradicciones y que, sí, en mi hambre mando yo pero en este sector hay mucha hambre y decirle a tu jefe que no te toque un titular pues, en fin, no suele ser un procedimiento adecuado para conservar el puesto.
Los periodistas hacemos lo que podemos y es verdad que en el caso de Podemos (valga la redundancia) hay verdaderos militantes que se suman con gusto a ciertas campañas de intoxicación. Lo de los papeles sobre la supuesta financiación ilegal de Podemos olía directamente a mierda pero, aún así, se aireó en medios de risa y en medios serios como si se sostuviese.
Luego están los que dicen que se aburren mucho con esta situación de bloqueo político habiendo vivido decenios de verdadero aburrimiento bipartidista. Hombre, nos pagan para no aburrirnos contando la actualidad política que, por otra parte, está de lo más entretenida (me parece a mí).
Dicho todo esto alguien tendría que aconsejar a Pablo Iglesias que cuente hasta diez antes de decir ciertas cosas.
En fin, que mi solidaridad con Álvaro Carvajal (sobre todo como miembro de una redacción que va a ser sometida a un cruento ERE) pero tampoco sobreactuemos ya que esta profesión tiene problemas mucho más graves que unas declaraciones desafortunadas de Pablo Iglesias.