sábado, 18 de marzo de 2017

LOS IDIOTAS

Anda el analismo hispánico excitado por las teorías de David von Reybrouck, un belga que propone en su libro Contra la elecciones una jibarización de la democracia mediante la sustitución del sufragio universal por una suerte de sufragio parcial por sorteo. Como las últimas votaciones no han dado el resultado que el establishment esperaba, mejor que unos pocos elegidos sean aleccionados, debatan entre ellos y luego tomen decisiones por el resto.
En otros tiempos, tal ocurrencia hubiera sido despachada como la gilipollez que es. Pero vivimos en un pánico de fin de ciclo y, sí, resulta evidente que Trump y Le Pen y otros fascismos pujantes dan miedo pero de ahí a suspender siquiera parcialmente la democracia hay un abismo.
La cuestión es que, una y otra vez, desde ciertas atalayas intelectuales se culpa a los "perdedores de la globalizacion" de estar empujando al sistema hacia su aniquilación. El diagnóstico puede ser (más o menos) acertado. Pero el tono que se emplea resulta equivalente a tratar como idiotas a amplísimas masas de la población.
Básicamente se les dice a esos perdedores que aprendan a perder, que asuman su derrota y dejen el mundo en manos de los vencedores de la globalización, de quienes viven en las ciudades y han estudiado carreras verdaderamente útiles, de aquellos que (generalmente por razones de clase social) sabrán sobrevivir y medrar en un marco mundial de desregulación y ley de la selva.
Ustedes son imbéciles, se dijo a los votantes del Brexit. Ganaron el referéndum y ni siquiera se les fotografió en los medios. Porque, entre otras cosas, los medios del establishment les desconocen radicalmente.
Ha pasado con los estibadores. La opacidad de su sector, tan The Wire, no justifica que como principal argumento en su contra se haya utilizado el "ganan mucho". Que un obrero gane mucho no debería ser una mala noticia.
La desigualdad se paga y ello no se resuelve con novedosos métodos de votación.
Pero hasta la élite progresista se contagia de las ganas de poner coto a los excesos democráticos y, por ejemplo, Torreblanca afirma muy seriamente en el diario El País que la Cámara de los Lores (residuo aristocrático cuyos miembros no se eligen por votación de los electores) es la Cámara del Pueblo dado que ha salido en defensa de los ciudadanos europeos asentados en Gran Bretaña a los que el BREXIT puede colocar en un limbo. Lean el artículo si les place. Como el resultado de lo votado en la Cámara de los Lores nos gusta, damos el OK a su representatividad. Como el resultado del referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea no nos gusta, exigimos su repetición o su anulación mediante el ardid institucional que sea.
La democracia resulta tan imperfecta que hasta Donald Trump se puede convertir en presidente de la nación más poderosa del mundo.
Sin embargo, por mucho que nos asusten los colmillos de la chusma, no hay manera de eludir los procedimientos democráticos clásicos.
Porque la propuesta de von Breyvouck de tomar decisiones de gobierno mediante la elección por sorteo de ciudadanos a los que, a su vez, expertos y técnicos explicaran lo que es correcto resulta simplemente una vuelta de tuerca del culto a la tecnocracia.
Lo de siempre. Y si no tienen pan, coma el pueblo croissants que están más ricos.
El problema son los idiotas que votan Trump, Wilders, Le Pen y (según la paleoprogresía) Podemos.
Ya.
Pues siga el establishment haciéndose trampas al solitario a la espera de que lleguen los bárbaros.

martes, 7 de marzo de 2017

EL VIOLENTO OFICIO DE LA CRÓNICA POLÍTICA

Estuve trabajando en una redacción donde un jefe arrojó un objeto contundente (una grapadora, creo) a un redactor para hacerle entender su radical discrepancia con respecto al trabajo que había realizado. La APM, en aquel entonces, no se inmiscuía en estas cosas y se limitaba a facilitar la procreación de los periodistas mediante un seguro médico que daba derecho a parir en la Jiménez Díaz.
Es duro este oficio, camaradas, pero (como decían los veteranos entre vahos de ginebra a la salida de esas ruedas de prensa que antaño -no sé por qué- acababan de madrugada) "peor sería trabajar".
Todo este preámbulo trata de quitar hierro al asunto del presunto acoso y la mala vida que dan en Podemos a los currelas de la prensa a quienes toca relatar el día a día de la formación morada.
Partimos de un comunicado que incumple toda regla periodística  (a quién se acosa, quién lo hace, dónde y cuándo han sucedido esas coacciones, de qué manera) y se convierte en una colección de vaguedades que atufa en su estilo a los mejores editoriales de OK Diario.
No obstante, el problema está ahí. Si hay cinco o diez o quince (tampoco se especifica el número de periodistas que han solicitado amparo a Victoria Prego) que se sienten perseguidos por Podemos en su trabajo diario, habrá que hacérselo mirar.
Que tenga Podemos un porcentaje de gilipollas prepotentes que insultan al periodista raso por teléfono entra dentro de lo posible. No ha existido ninguna comunidad humana en la historia carente de idiotas en sus filas.
Ahora bien, que Podemos sea la principal amenaza para la libertad de expresión en un país donde un tuit de mal gusto se castiga con pena de cárcel resulta bastante absurdo.
Y si de lo que estamos hablando es de que en Twitter hay mucho energúmeno, apaga y vámonos. Tampoco nos fuerza nadie a mirar qué dicen de nosotros en las redes sociales porque a mí una vez me llamaron maricón y lloré bastante pero aquí estoy, entero aún.
Existe otro argumento más deprimente si cabe: "es que Podemos se mete con unos pobres desgraciados que ni eligen el titular ni escriben sus artículos porque lo hace su jefe". Hombre, en ese caso (y admitiendo que el periodista ha de encajar con la línea editorial de su medio y si no, toca largarse o tragar quina) ¿qué mierda de profesión estamos aceptando?
Nos hallamos ante una polémica muy fea y, además, agotadora. La posverdad son las mentiras de Trump o los antivacunas pero también el que la CNN difundiera un informe ridículo en el que se contaba cómo el ahora presidente estadounidense pagó a dos prostitutas para que mearan en un hotel ruso la cama donde había dormido Michelle Obama. Por no hablar de las teorías conspiranoicas del 11M, la cuenta en Suiza de Xavier Trías o el informe PISA (Pablo Iglesias Sociedad Anónima).
Malos tiempos para la lírica pero, tal vez, no peores que otros. 
El violento oficio de escribir tituló Rodolfo Walsh, desaparecido por la dictadura argentina. Eso sí que era jugársela. Seamos mesurados y, sobre todo, señalemos con nombres y apellidos a quienes han acosado si es que lo han hecho. Pero así, a barullo, no vale, señoras y señores de la APM.

viernes, 18 de noviembre de 2016

SOBREACTUACIÓN MONÁRQUICA

Al sol del otoño, calentito tras el vidrio, escribe Rubén Amón como si fuera Agustín de Foxá en un ABC soñado. El papel de periódico amarillea bajo los tacones de doña Letizia, las niñas están guapísimas, Majestad, y la genuflexión resulta un vicio delicioso para cronistas de la Corte que aspiran a cenar en Zarzuela o, por lo menos, que les regalen unas entradas para la ópera.
El caso es que en el Congreso se ha producido una sobreactuación monárquica, con diputados del PSOE, PP y Ciudadanos traídos de todas las latitudes para que aplaudan con furia al Rey y parezca que es España quien aplaude pero no, España no son estos burócratas triperos que se han colado por un día en el hemiciclo para romperse las manos y jalear.
España vive la monarquía entre la indiferencia y un escepticismo republicano que nadie sabe calibrar porque el CIS lleva años sin preguntar al respecto no sea que la liemos parda como la socorrista aquella.
Para colmo (y regocijo de la tertulianía biempensante) al Rey le han colado en el discurso una opinión claramente partidista y ha dicho, en resumen, que los que no apoyaron que Rajoy gobernase son irrespetuosos y faltos de generosidad.
La neutralidad de la Corona ha volado por los aires con una frase tan pretendidamente inocente como la preciosa mirada azul de la princesa Leonor que ha inspirado los mejores versos de Rubén Amón.
Y, sin embargo, admitámoslo, tenía algo de medieval ver a las diputadas y diputados haciendo una reverencia servil a dos niñas. 
Luego sucederán cosas raras en las urnas (o en las calles) y las élites que escriben en los periódicos antiguos no entenderán absolutamente nada pues están convencidos de que el retrato de España es el de sus pares en las cenas donde el ex ministro se codea con el consejero delegado y come pan el gacetillero con hambre, que siempre queda simpático.
Creíamos que se habían roto los diques de lo cortesano con la abdicación de Juan Carlos I pero el columnismo fetén ha vuelto a levantarlos con profusión de adjetivos churriguerescos.
Y, claro, como se preguntaba Chicho Ibáñez Serrador en aquella excepcional película: ¿quién puede matar a un niño? ¿Quién puede criticar una institución que ya exhibe como símbolos regeneradores las trenzas rubias de dos querubines tan monos?
Pero, mientras tanto, la vida sigue. Y España no se ha levantado irreductiblemente monárquica por mucho que aplaudan sus señorías y miren con gesto avieso a quien no lo hace.
El derecho a la discrepancia continúa vigente (hasta nueva orden).
Y la sobreactuación monárquica resulta de lo más ridículo, se pongan como se pongan.
Allá ellos.

viernes, 28 de octubre de 2016

SINVERGÜENZA, CAPULLO, GILIPOLLAS

La misericordia cristiana que desplegaron los medios de comunicación y el tertulianismo del búnker para con Felipe González cuando hace poco le protestaron estudiantes radicales en la Universidad Autónoma de Madrid no ampara a Pablo Iglesias. Al líder de Podemos se le puede calificar de "sinvergüenza", "capullo" y "gilipollas" en el mismísimo Congreso de los Diputados sin que se produzcan aspavientos condenatorios. Si Podemos espolea "atmosféricamente" (Ruben Amón dixit) una difusa violencia antisistema, no sé cómo habría que calificar el insulto sin matices contra quien dirige una organización política con cinco millones de votantes.
A Antonio Elorza, desde luego, no le debió de molestar en absoluto o (al menos) no lo expresó y sí incidió al día siguiente en que Pablo Iglesias se come a los niños crudos.
En la radio se escuchó a la tertulianía paleoprogresista ridiculizar al líder de Podemos comparándolo con el Rayo Vallecano, cosa que a los que somos de Vallecas y del Rayo nos escuece y que denota un cierto tono de clasismo un tanto repugnante.
La crispación está ahí y no la ha traído Podemos al Congreso. Se trata del establishment construyendo lo que Belén Barreiro apunta en su excelente artículo ¿Hacia un sistema democrático de partido único?
La Triple Alianza de PP-PSOE-Ciudadanos dibuja un panorama demasiado parecido al que aparece en el cómic V de Vendetta de Alan Moore y ya se sabe cómo acaba ese relato, con el parlamento volando por los aires.
Pero así seguiremos, supongo, ya que Pablo Iglesias es el blanco preferido de quienes no quieren que España cambie y por ello le han calificado de "maltratador", "narcisista bad boy" siempre "dispuesto a destripar a la brava a quien se ponga por delante", "tigre dispuesto a devorarlo todo"... Resultaría interminable la compilación de imprecaciones públicas contra un personaje al que, hasta ahora, se contrapone la dulzura de Íñigo Errejón.
Pero que nadie se equivoque: si mañana Íñigo Errejón sustituyera a Pablo Iglesias, se convertiría inmediatamente en el mismo monstruo sin entrañas que la viejísima casta pinta a cada ocasión para asustar a las monjitas.

sábado, 1 de octubre de 2016

UNA PELEA DE BURÓCRATAS

Salió a la palestra Josep Borrell y puso de manifiesto el radical abismo que separa la inteligencia política de cierta generación de socialistas y la irreflexión del actual plantel de dirigentes que andan a palos entre ellos.
Están los dinosaurios (con Felipe González a la cabeza) y Borrell, un socialista íntegro aunque (por equivocación) le hayamos incluido alguna vez en la lista de beneficiarios de las puertas giratorias. Borrell es brillante y no le hubiera hecho falta un ministerio para ocupar un lugar de privilegio en la empresa privada.
Pero a lo que vamos. Borrell habló y dejó claro que sea lo que sea lo que quiera ser el PSOE de lo que se trata es de construir un relato coherente en vez de conducirse en un zigzag de bandazos absurdos.
Él aceptaría una abstención pero con condiciones y, en todo caso, antes de eso apoya explorar la vía de un gobierno de cambio.
Porque, como reconoció de modo certero, "en Podemos están muchos de nuestros hijos".
Y replicó a Felipe: si hay que respetar a los votantes del PP también hay que mostrar ese mismo respeto con los cinco millones de electores que optaron en las elecciones por la formación morada.
Se vio perfectamente la sideral distancia entre alguien que sí tiene convicciones ideológicas y los burócratas que se pelean por quedarse con el PSOE en propiedad.
Simples burócratas todos: Pedro Sánchez, Susana Díaz, Antonio Hernando, Verónica Pérez, César Luena, Juan Cornejo, Antonio Pradas, Rafael Simancas...
El resumen del nivel en el que se está moviendo el PSOE es el emoji llorón de Patxi López para expresar su desolación ante la crisis del partido en que milita.
Teresa Rodríguez ha dicho a la cara en más de una ocasión a Susana Díaz que su problema es que no ha trabajado en la vida.
Basta con echar un vistazo a la trayectoria profesional de los nuevos mandos del PSOE para ver de qué va esta historia.
Verónica Pérez (la que se arroga la jefatura socialista a las puertas de Ferraz enviada por Susana Díaz) se votó a ella misma como concejala cuando tuvo edad para ir por primera vez a las urnas y desde entonces no se ha apeado del cargo.
César Luena ha hecho el trayecto de Logroño a Madrid sin abandonar la mullida moqueta de los despachos del PSOE.
Antonio Pradas entró adolescente en el PSOE y tres cuartos de lo mismo, saltando de una diputación a una alcaldía pasando por la dirigencia de alguna sociedad pública.
Antonio Hernando comenzó como abogado de la UGT y llegó a ser vicepresidente de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes y luego fue adoptado, según dicen, por Rubalcaba
Y así todo.
No se trata de criminalizar la política profesional pero resulta muy dudoso que gente así tenga conciencia de lo duro que ha sido la crisis han sufrido numerosísimas españolas y españoles.
Y luego está el vacío ideológico en el que se mueven los de uno y otro bando.
A Pedro Sánchez le reivindican como Corbyn a la española cuando después del 20D pactó un programa de centroderecha con Ciudadanos.
Susana Díaz, según quienes conocen bien la política andaluza, lleva sin gobernar desde que llegó y en su discurso, más allá de tópicos y sentimentalismo barato, no se atisba noción alguna de cuál es su idea de socialdemocracia.
Así que se trata de una pelea descarnada por el poder. No hay más.
Luego están los opinadores y artistas que, con un argumentario propio del que despliega una Miss en pugna por la corona, piden la paz mundial y un gobierno PSOE-Podemos-Ciudadanos.
La cuadratura del círculo.
Esta crisis refleja el agotamiento del Régimen del 78 que, a la vez, tal y como señala Lucía Méndez, está siendo juzgado en el caso de las tarjetas black: los viejos partidos, los sindicatos, el empresariado y toda una élite que perdió el contacto con la realidad y creyó que era absolutamente normal enriquecerse de cualquier modo.
Pedro Sánchez no es nuestro Corbyn. Ojalá lo fuera. Supondría ello que hay un debate ideológico.
Pero no.
Solamente hay burócratas batallando porque, como también dijo Teresa Rodríguez a Susana Díaz en el parlamento andaluz, no tienen dónde volver si se les acaba la política.

miércoles, 31 de agosto de 2016

LO QUE LA PRENSA NO DIRÁ MAÑANA


Con la soberbia que me caracteriza haré una serie de valoraciones acerca de lo visto en la primera sesión de investidura acaecida en el Congreso y que (a buen seguro) no coincidirá con lo que la prensa biempensante (tertulianía y analismo en general) va a contar mañana por la mañana si no se rompe la noche.
Y digo.
Que a Pedro Sánchez se le veía acojonadito pese al excelente bronceado que ha conseguido este verano.
Que Mariano Rajoy estuvo bien, con su retranca gallega a pleno rendimiento y como si en el fondo le importase un bledo ser machacado en la votación.
Que Albert Rivera no sabía si sorber o soplar y, de modo inadvertido para él mismo, puso ojitos de amor cuando Rajoy le lanzó un requiebro ("está bien hacer nuevos amigos").
Que Pablo Iglesias estuvo muy bien (esto sí que no se lo oirán a casi ningún periodista porque somos como somos y todavía Podemos no invita a gambas en Casa Manolo, que mira que se lo tengo dicho).
Que el PNV es un partido extraño, a medio camino entre el carlismo decimonónico y la doctrina social de la Iglesia de León XIII.
Que los catalanes siempre van a su rollo.
Que Coalición Canaria mola mucho porque siempre vota a favor (de Sánchez, de Rajoy y hasta de Felisuco si se diera el caso) con tal de que les prometan alguna cosilla para las islas.
Que el debate tuvo un nivel notable y, desde luego, se situó bastante por encima de las tertulias donde los periodistas exhibimos una superioridad moral que no se explica teniendo en cuenta que todos (me incluyo) hemos errado en cada pronóstico realizado.
Que los rusos han escuchado marcianos y eso le va a complacer sobremanera a Iker Jiménez y a su mujer.
Que vamos con flores a María a votar en Navidad lo cual va a ser para mear y no echar gota.
Que Serrat y Sabina siguen insistiendo en que si todos cerramos los ojos muy fuerte y nos damos la mano lograremos un mundo mejor en el que se haga realidad un gobierno PSOE-Ciudadanos-Podemos-Partido del Bierzo.
Que Javier Cárdenas hará felices a todos los cuñados de España con su nuevo programa en TVE.
Que el bipartidismo era muchísimo más aburrido.
Que el señor de Unión del Pueblo Navarro era totalmente como uno imagina a un diputado (muy) de derechas de Pamplona (aunque a lo mejor no sea de Pamplona que, como decía Paco Umbral, no querrá usted que me levante ahora a mirarlo).
Que Antonio Hernando (el de las gafas de colores) volvió a hacerlo: "Pablo Iglesias pudo hacer presidente a Pedro Sánchez y no quiso".
Que España se merecería un gobierno del cambio pero, de momento, pintan bastos.
Y nada.
Sólo eso.
Perdonen las disculpas y que no se extinga la llama.

jueves, 23 de junio de 2016

CARTA A IRENE, AMIGA INDECISA

Esto no le va a gustar nada a nuestro común amigo José Luis Fuentecilla. Porque voy a hacer un discurso sentimental. La política nace (también) de las emociones.  Y, en el fondo, querida Irene, tú y yo somos unos sentimentales. Así que hablemos de lo que importa.
Venimos de muy lejos. De las asambleas del 0'7, las huelgas estudiantiles, el no a la guerra, la terrible mañana de marzo en la que sobre la sangre se vertieron infames mentiras, ese mayo de flores en la Puerta del Sol, el principio de todo, aquel domingo tan reciente en que nos emborrachamos atardeciendo en Las Vistillas porque con Manuela había llegado la decencia a nuestra ciudad.
Y ahora se abre otro capítulo más. Un capítulo decisivo.
Ahora toca decidir si, de verdad, las cosas pueden ser diferentes
Nada es perfecto.
No lo es Podemos y no lo es (ni muchísimo menos) Pablo Iglesias.
Pero ellas y ellos son los nuestros.
La gente con la que hemos estado caminando hasta ahora, los mismos con los que nos hemos cruzado en la facultad, en las manifestaciones, en los bares de Malasaña y Lavapiés, en las largas horas de soñar un futuro probable.
También existe la posibilidad de apartarnos a un lado, dejar a los burócratas en sus sillones, eludir la pelea.
No es nuestro estilo, Irene.
No somos tan jodidamente viejos.
Aprovechemos la oportunidad y concedámonos un poco de diversión. Tampoco pasa nada. Si nos equivocamos, dentro de cuatro años (o antes) cambiaremos el voto y volveremos a lo de siempre.
Así de simple.
Venimos de muy lejos. El mismo mar de todos los veranos regresará a devolvernos la infancia y luego miraremos hacia atrás y habrá que preguntarse si hicimos lo que debíamos.
Y tú y yo, Irene, volveremos a disentir y a la risa purificadora que lo borrará todo y tal vez no te haya convencido. Pero qué importa. Siempre quedará el próximo encuentro.